Mes : febrero 2008

El paco, emergencia pública

Hoy publica el New York Times una nota especial sobre el problema que está esparciendo el consumo desenfrenado de paco (pasta base) en los barrios periféricos de Buenos Aires. Así es relatado, bien como lo excéntrico y raro de una epidemia en algún rincón del África. La nota no habla de la experiencia neoyorquina con el crack en los años 80s, cuando inundó los barrios negros con su manto de adicción y sufrimiento.

La prensa y otros medios locales están hablando del tema hace ya varios años, pero parece no acompañarse con políticas públicas de profundidad en el tema (aunque recuerdo la campaña del Gobierno de la Ciudad “Dejá el paco” y la apertura de un centro asistencial).

El “paco” es una droga altamente adictiva y mortalmente tóxica por la cantidad de elementos químicos y combustibles empleados en su elaboración. En este punto difiere del crack, ya que éste contiene un porcentaje mayor de cocaína que el paco, compuesto en su mayoría por residuos solventes. El efecto de euforia producido en el consumo es inmedatamente seguido por la necesidad de doblar la dosis, articulando un efecto espiral de consumo-compra de esta droga, haciendo de ella una de las drogas con mayor dependencia al consumo.

La cuestión principal es que el problema no es sólo argentino, sino también se expande a Uruguay y Brasil producto del tráfico desde Bolivia y Perú que no logra ingresar a otros mercados por su baja calidad. En el transcurso de la profunda crisis económica de comienzos del 2000, el paco pudo ganarse su lugar gracias a lo accesible de su precio por dosis, cercano 30 centavos de dólar, modificando el patrón de consumo de los estratos más bajos de la población.

¿Cómo es posible detener este flagelo, que causa estragos en los jóvenes más vulnerables y los que precisan las mayores oportunidades de movilidad social?

Fidel Castro: el fin de una época y épica política

Fidel Castro

La renuncia de Fidel Castro a su reelección como presidente y máxima figura de Cuba marca el fin de una época y también de una épica política, al menos para América Latina. Más allá de las posiciones y márgenes que podamos tomar desde nuestras ideas para con Fidel, no ha emergido en nuestro continente una figura política tan controversial, convocante y enigmática como Fidel Castro.

Comprobé personalmente (en vivo y en la televisión cubana) sus discursos interminables, llenos de datos y figuras que transmitían un conocimiento muy profundo de la realidad del país, y en diálogo con muchos cubanos me confirmaban que hasta salía en cadena de televisión a explicar el porqué del aumento de los frijoles o la necesidad de ahorrar combustible. A pesar de que muchos, por su parte, renegaban por su lentitud y tozudez en la apertura política de la isla, mantenían un profundísimo respeto por su ética revolucionaria y la franqueza de diálogo con el pueblo cubano en el día a día de la vida política.

El anuncio lo hizo a través de una nota en Granma, el diario del PCC y portavoz del gobierno, en la que con un lenguaje muy llano y directo, fiel a su estilo, declara que su frágil estado de salud le impide tomar nuevamente la responsabilidad de dirigir el gobierno de la isla, tal como lo hace desde los comienzos de la etapa revolucionaria.

Al menos hasta el próximo domingo, cuando se reúna la Asamblea Nacional del Poder Popular, no se sabrá si continuará en el gobierno su hermano Raúl, Comandante de las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias), u otros posibles candidatos, como Carlos Lage (Presidente de la Asamblea) o Felipe Pérez Roque, actual canciller del gobierno cubano. En su mensaje al pueblo, Fidel Castro no toma partido por posibles sucesores, ya que señala que hay aún viejos dirigentes para tomar el mando (como pueden ser Raúl Castro o Lage) o jóvenes líderes nacidos ya en la revolución, como Pérez Roque. Si se trata de pensar en una transición civil y democrática, serán Lage o Pérez Roque los encargados de estructurarla, aunque seguramente celosamente cuidados por el resto del buró político del Partido.

En este anuncio, Fidel está dando su más profundo mensaje y como no podía ser de otra manera, fiel a su estilo, él mismo es el que barre los últimos escombros de allí donde había un muro.

Repercusiones:

Las 10 cosas que no cambiarán en los Estados Unidos

En línea con nuestro post anterior, ahora es la revista Foreign Policy la que detalla las 10 cosas que no cambiarán en los Estados Unidos, no importa quién resulte vencedor de las próximas elecciones presidenciales:

  1. La relación con China (teñida de un notable déficit comercial)
  2. La división partidaria
  3. La dependencia del petróleo extranjero
  4. El constante declive del empleo en manufacturas
  5. El flujo de las drogas ilegales
  6. El gasto militar
  7. La influencia de los lobbies (cubano, israelí, etc.)
  8. El apoyo a Israel
  9. Los subsidios al ethanol
  10. El sistema de primarias

¿Qué es lo que presumen ustedes que puede cambiar entonces?

A no esperar grandes cambios en la política exterior norteamericana

Esto es lo que comenta Juan Tokatlián en su columna de opinión en el diario La Nación publicada hoy. Si bien existen rasgos y pronunciamientos particulares en cada uno de los candidatos, es difícil prever cambios o giros sustanciales en la política exterior de los Estados Unidos sólo por el deseo o visión del futuro líder.

La política exterior cambia de manera gradual, casi como las capas geológicas de la tierra, y difícilmente encontremos vuelcos profundos en el próximo responsable de la Casa Blanca. La política exterior depende de mucho más que un presidente.

Nota completa – “Después de las primarias” (La Nación)