Día : junio 8, 2008

Las redes sociales masivas subvierten el espíritu de Internet

Esa es la idea, a grandes trazos, de Eben Moglen, académico de Columbia, que señala algo que tiene bastante sentido: los servicios de redes sociales masivas, hoy en «auge» como Facebook, Hi5, Orkut, etcétera, no hacen más que ir en contra del espíritu comunero (él llama socialista) que la red tuvo en sus orígenes.

¿Qué había en esos orígenes? Pues bien, ausencia de advertising, ausencia de control y vigilancia de la información, estructuras abiertas, no comercialización de los datos privados, y un espíritu de construcción de red basado en el grupo, y no en el individuo.

Por el contrario, con la explosión reciente de estos servicios, multitarget y omnipresentes, según Moglen, hemos entrado en una etapa de subversión del espíritu original de la red, ya que éstas hoy se construyen con el fin del lucro, control, propiedad, seguimiento y valorización de cada uno de sus miembros. 

En una posición que comparto, señala que hoy no se estimula a que las propias comunidades creen sus propias redes sociales con software abierto y libre, sino más bien se invita a utilizar las masivas como compartimentos cerrados, donde tras la máscara de lo gratuito y lo sencillo, se entrega información personal que será luego analizada y monetizada, sin posibilidades de borrarla.

Las grandes empresas siguen invirtiendo cada vez más fuerte y pareciera sin límites en las redes sociales masivas, bien consolidadas o emergentes, y sea creando perfiles y trazando sus visitas, ya sea invirtiendo en publicidad, o trasladando su uso a otros dispositivos, como los móviles, para lograr la instantaneidad y ubicuidad de la identidad en tu red social de pertenencia. 

¿Tiene esto algo de malo? Bueno, hay ciertos peligros al mediano plazo. El peor de los escenarios puede verse en el conflicto y gran batalla de redes, operadores y empresas de software, que inevitablemente para sobrevivir bipolaricen en un futuro el ecosistema de la red, generando una red antagónica y propietaria que amenace una red distribuida y libre.

Vamos, que no parece poco.

La globalización del hambre

Esto escribe hoy Juan Gelman, a propósito de la Cumbre Alimenticia de la FAO, hace pocos días.

Se dijo de todo para explicar la crisis alimentaria que amenaza con elevar ya a casi mil millones el número de quienes se mueren de hambre en el planeta. Sucedió en la reunión realizada en la sede de la FAO en Roma, que terminó este jueves y en la que 193 naciones del mundo lanzaron gritos de alarma ante lo que se viene.

En realidad ya vino, pero hace más de 20 años que los gestores del mundo globalizado globalizan sistemáticamente el hambre y al parecer se distrajeron. En las reuniones de los países más industrializados, los del grupo G-8, el tema del hambre apenas merecía una mención trivial.

Hoy causa un repentino nerviosismo y Ban Ki-Moon, secretario general de la ONU, fue claro en las razones: “No podemos fracasar (en resolver el problema). Es una lucha que no podemos perder; el hambre crea inestabilidad y tenemos que reaccionar unidos e inmediatamente”. No hay compasión, hay miedo.

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