Wayra chega ao Brasil
¿Qué e Wayra?
¿Qué e Wayra?

No puedo dejar de recomendarles la lectura de este excelente artículo del historiador y sociólogo Perry Anderson (editor, entre otros, de la clásica New Left Review) sobre el estilo de liderazgo, la gestión y la transformación de Brasil de la mano del presidente más exitoso de su historia, Luiz Inácio Lula da Silva.
La nota (en la también clásica London Review of Books) es extensa, pero vale la pena cada uno de los párrafos. Desde los ascensos en el entorno corrupto de la política brasileña hasta su salida del ejecutivo, todo nos hace creer que Lula da Silva fue bendecido por las variables maquiavélicas por excelencia y que todo político busca como una gema mágica: en tiempos se ayudado por la fortuna, en otros, por la virtud.
In combination, faster economic growth and broader social transfers have achieved the greatest reduction in poverty in Brazilian history. By some estimates, the number of the poor dropped from around 50 to 30 million in the space of six years, and the number of the destitute by 50 per cent.
Half of this dramatic transformation can be attributed to growth, half to social programmes – financed by higher revenues accruing from growth. Nor have such programmes been confined to income support. Since 2005, government spending on education has trebled and the number of university students doubled. During the 1990s, higher education in Brazil largely ceased to be a public function, with three-quarters of all students going to private universities that enjoyed tax exemption. Astutely, these have been obliged, in exchange for their exemption, to offer scholarship places to students from poor or non-white families who would otherwise never have a chance of getting beyond middle school. However poor the quality of instruction – it is often terrible – the hope of betterment has made the programme, enrolling some 700,000 students to date, a great popular success, sometimes compared for democratising effect to the GI Bill of Rights in postwar America.
Hace poco hablaba con brasileños y me relataban su gran genio, su poder pragmático y el don de gentes que lo hace único. Ven lejos las posibilidades de que se ausente de la escena pública brasileña. Dan por sentado, incluso, que algún día volverá al poder.
Sólo en el mes de abril sumaron 1,9 millones a la planta activa, y alcanzan un ratio de 1,46 móviles por habitante. Tomá mate.
Vía » Fórum
Hoy publica el New York Times una nota especial sobre el problema que está esparciendo el consumo desenfrenado de paco (pasta base) en los barrios periféricos de Buenos Aires. Así es relatado, bien como lo excéntrico y raro de una epidemia en algún rincón del África. La nota no habla de la experiencia neoyorquina con el crack en los años 80s, cuando inundó los barrios negros con su manto de adicción y sufrimiento.
La prensa y otros medios locales están hablando del tema hace ya varios años, pero parece no acompañarse con políticas públicas de profundidad en el tema (aunque recuerdo la campaña del Gobierno de la Ciudad “Dejá el paco” y la apertura de un centro asistencial).
El “paco” es una droga altamente adictiva y mortalmente tóxica por la cantidad de elementos químicos y combustibles empleados en su elaboración. En este punto difiere del crack, ya que éste contiene un porcentaje mayor de cocaína que el paco, compuesto en su mayoría por residuos solventes. El efecto de euforia producido en el consumo es inmedatamente seguido por la necesidad de doblar la dosis, articulando un efecto espiral de consumo-compra de esta droga, haciendo de ella una de las drogas con mayor dependencia al consumo.
La cuestión principal es que el problema no es sólo argentino, sino también se expande a Uruguay y Brasil producto del tráfico desde Bolivia y Perú que no logra ingresar a otros mercados por su baja calidad. En el transcurso de la profunda crisis económica de comienzos del 2000, el paco pudo ganarse su lugar gracias a lo accesible de su precio por dosis, cercano 30 centavos de dólar, modificando el patrón de consumo de los estratos más bajos de la población.
¿Cómo es posible detener este flagelo, que causa estragos en los jóvenes más vulnerables y los que precisan las mayores oportunidades de movilidad social?
Muy buena iniciativa la de la ABCP (Associação Brasileira de Ciência Política). Lanzaron hace poco, con una periodicidad semestral, una nueva revista académica escrita íntegramente en inglés: la Brazilian Political Science Review. Según la ABCP, el espíritu de la publicación surge de…
We have decided to publish it because we are convinced that although Brazilian Political Science has an original contribution to make to our knowledge of politics, its international impact is limited and must be enhanced. We hope that BPSR will be a venue for the diffusion of high-quality work produced in Brazil, thus broadening the exchange of ideas with the international political science community. BPSR is also open to contributions by political scientists from different parts of the world and with different theoretical and methodological perspectives.
Pueden descargarse de manera gratuita los artículos del primer número desde aquí.

Arrancamos esta serie de posts con la intervención en la Asamblea General (AG) del Presidente Lula da Silva.
La exposición, que duró aproximadamente unos 18 minutos, arrancó destacando el gran trabajo de Brasil en la promoción de la lucha contra la pobreza y el hambre, sustentados en la experiencia de los logros obtenidos por el plan “Bolsa Familia” y “Fome Zero”, implementado hace cuatro años para soportar el plan de lucha. “El hambre alimenta la violencia y los fanatismos” subraya Lula, a la vez que exige que la comunidad internacional vea a este tema como central en la agenda de políticas globales ya que “ningún país está seguro en un mundo de injusticias”.
Inteligentemente, Lula continúa su argumento atando la lucha contra la pobreza con las posibiildades que abre el comercio internacional a los países en desarrollo para poder mejorar sus índices de crecimiento. Y aquí es donde tira algunos dardos contra las negociaciones de Doha. “Es esencial cortar con las amarras del proteccionismo”, enfatiza en clara alusión a la protección de los Estados Unidos y la UE en materia agrícola, siendo estas barreras “pesados grilletes que inmovilizan el progreso de países pobres”.
Mas categórico, continúa afirmando que “la vieja geografía del comercio internacional precisa ser reformada”, dejando en claro los esfuerzos de Brasil en el liderazgo del G20 por este tema. No obstante, (y obviamente no es ninguna noticia) reconoce que la Ronda Doha “está en crisis”, pero que es necesaria sacarla adelante para el bien de “millones de agricultores de los países pobres”. Si fracasara, la propia credibilidad del sistema de la OMC se vería amenazada, y “un pilar de la paz, el comercio justo y equitativo” puede caer.
El otro pilar de la paz y la seguridad, según Lula, lo constituye una reforma de las Naciones Unidas, y aquí hace sentir la fuerte presión que viene ejerciendo Brasil (junto a India) para modificar la estructura del Consejo de Seguridad y pelear por un sillón más. “Más que nunca las Naciones Unidas precisan ver su autoridad reforzada” le dice a la presidenta, y mientras reconoce algunos avances, termina diciendo que la “reforma quedará incompleta” si continúa la estructura actual del Consejo. La ampliación de éste “debe contemplar el ingreso de los países en desarrollo en su estructura permanente”. Y para que quede claro, cierra advirtiendo que “no podemos lidiar con problemas nuevos con estructuras anacrónicas” y que la apertura y democratización del órgano es una absoluta prioridad.
Por último, Lula cierra su intervención señalando que la prioridad de la política exterior brasilera estará puesta en América del Sur, empujando la ampliación del Mercosur y estrechando los lazos cooperativos con el Caribe.
Creo que esta exposición de Lula da Silva configura una intervención en la que Brasil se muestra, y creo que son precisamente sus intenciones, como un gran portavoz de los países emergentes (y no específicamente de latinoamérica), demandando las reformas económicas y políticas necesarias (en el comercio y Consejo de Seguridad respectivamente) para dar un papel más relevante a los nuevos líderes regionales.
La revista alemana Spiegel publicó en su edición internacional un interesante artículo acerca de la re-emergencia de la violencia en las mafias y carteles latinoamericanos, a raíz de lo sucedido en Sao Paulo las semanas pasadas. La tesis planteada es que las organizaciones ilegales del narcotráfico generaron espacios de poder donde la estatidad perdió control, imponiendo su propio orden y legalidad en el territorio.
Un punto interesante que destaca es que el crimen organizado sólo puede existir en tanto pueda escapar del castigo y la pena del orden legal que lo ilegaliza, por tanto su estrategia en estos casos es generar sus propios espacios de acción para manejarse allí en su propia legalidad. Donde el Estado posibilita un vacío en el poder, allí operará la organización para actuar sin posibilidad de castigo.
Esta situación no hace más que evidenciar la persistencia de zonas marrones o espacios geográficos donde el Estado pierde el monopolio de la fuerza física legítima en América Latina. Una zona marrón es además un lugar donde la estatidad, no sólo en la dimensión de control del orden (policía, cárceles, etc.) está difusa, sino también en sus instituciones políticas asociadas (sanidad, educación, servicios, registro civil, impuestos, etcétera). Estos últimos déficits están asociados a lo que Guilllermo O’Donnell encuadra en las democracias de baja intensidad, donde el Estado es relativamente débil y frecuentemente sus prácticas son corruptas, corporativas y no igualitarias.
Este cuadro de democracias de baja intensidad generadoras de zonas de baja estatidad crean un escenario favorable a la emergencia de actores no estatales (generalmente ilegales) que aprovechan la ocasión para desarrollar sus intereses y/o negocios, ya sea el tráfico y contrabando (Paraguay, Argentina), drogas (Colombia, Brasil, México), movimientos insurgentes (Colombia, México, Bolivia). Últimamente estos actores han demostrado una enorme capacidad de autoorganización y adaptabilidad al entorno, dejando muchas veces inútiles los medios tradicionales de prevención policial-militar.
La cuestión se pone espesa (y lo acaba de demostrar el PCC en Sao Paulo) cuando el Estado arremete contra esa organización y su territorio, y ésta utiliza el método del terror para mostrar su poder. No es que los narcos sean terroristas per se, sino que al ver amenazada su hegemonía acuden y utilizan este método para contrarrestar el poder estatal.