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[Reseña] The Future of the Internet and How to Stop It, por Jonathan Zittrain

Zittrain, J. (2008). The future of Internet and how to stop it. Yale University Press. Disponible online bajo licencia CC.

Jonathan Zittrain, destacado profesor del Oxford Internet Institute y del Centro Berkman de Harvard, investiga desde hace años los modelos y dinámicas de gobernanza de internet, amenazas al desarrollo y crecimiento de la red (privacidad, malware, censura, etc.) y en este libro nos ofrece su visión de cómo puede virar el futuro de internet en las condiciones que hoy conocemos.

El libro, de unas 330 páginas y tres partes, está muy bien escrito, excelentemente documentado con cientos de notas de referencia y mantiene una línea explicativa clara. Es fácil ir siguiendo el argumento, aunque por algunos tramos puede retornar a conceptos ya pasados. Por la misma formación y experiencia del autor, el libro está mas cerca de ser un texto académico que uno de divulgación general sobre la red y la tecnología. No obstante, el lector no especialista encontrará explicaciones y analogías muy sencillas y cotidianas para poder comprender los puntos y conceptos más importantes del libro.

Zittrain se pregunta: ¿Cómo será el futuro de Internet? ¿Seguirá estando la PC en nuestros escritorios, o quedará obsoleta como un gramófono?. Esta aparente lluvia de creatividad y libertad en la red. ¿Es sostenible, o genera silenciosamente una amenaza a toda la red en su conjunto? ¿Qué se necesita para sostener una red segura y abierta para la innovación y la participación de todos?

La génesis de la generatividad

Había una vez, hace mucho tiempo, en la historia informática, los ordenadores servían para una sola tarea, y programarlos era cuestión de especialistas y científicos experimentados. Las compañías tecnológicas de aquellos años (IBM, Westinghouse, entre otras) ofrecían el “servicio” de cálculo, gestión y mantenimiento de esos monstruos que ocupaban oficinas enteras. Todo estaba controlado, seguro y bajo cánones de seguridad estrictos. Estos equipos raramente estaban interconectados y sólo una legión de terminales “bobas” interactuaban con ella, mostrando datos de su nodriza.

El cisma tardó en llegar unos veinte años, allá por los primeros ochentas. Nacida en garajes y de padres amateurs ve la luz la PC, una pequeña caja que procesa. Un ordenador “personal” que incluía sin grandes inversiones y a un precio módico, poder de procesamiento. Aún más, podía utilizar una cinta de cassette como soporte y un televisor como monitor. El precio no era lo mejor que tenía para ofrecer, sino que lo mejor era que podía obedecer instrucciones. Se presentaba e increpaba al usuario con un cursor titilante esperando que le dijeran qué hacer. No se lo decía a científicos ni ingenieros, sino a gente tecnófila, en la sala o en el fondo de su casa.

Según Zittrain, aquí se abre el paradigma de la generatividad. Es la posibilidad de hacer y dotar de usos distintos a un equipo o dispositivo informático. Es hacer que haga, que procese, que calcule, que interactúe, que construya, que juegue, y por supuesto, que también falle. Por algunos pocos dólares podía conseguirse un dispositivo que interpretaba instrucciones y ejecutaba operaciones.

Del amanecer de la generatividad a la noche de los programadores domésticos hay un sólo paso: las ganas, la curiosidad y las ganas de innovar. Rápidamente se desarrollaron programas para diversas utilidades (procesamiento de texto, calculadoras, etc.) y las compañías de software hicieron su primavera. Todo cabía en esa pequeña caja que le ganaba de mano a los gigantes. Se abría una nueva era.

Pero esta nueva era es poco. Si se tienen dos ordenadores en una oficina lo primero que se nos ocurre es conectarlos entre sí. De esta manera llega la segunda ola de generatividad, y viene con la red Internet. En este caso el tsunami es más podersoso. Años antes, y emulando esos mainframes propietarios, aparecieron los walled-gardens de las telcos y empresas de medios que ofrecían a su suscriptor todo listo, hecho y fácil de consumir. Pero tardaron poco en darse cuenta que en la otra vereda, en el jardín de internet, el pasto era más verde y la gente tenía más posibilidades de crear.

Nuevamente, amateurs, científicos y académicos articulaban en un espacio que contaba nada más que con un puñado de estándares una red libre, abierta y que podía correr código, para cualquiera que lo escriba. Una vez más, la posibildiad de hacer e innovar estaba al alcance de la mano. Gracias a esta doble generatividad, de PCs programables por cualquiera y una red abierta a aplicaciones y servicios, tenemos el ecosistema digital de hoy.

La tecnología no es neutral

Pero bien, con estas posibildiades y con la generatividad cualquiera puede hacer su propio uso. Aquí es donde Zittrain comienza a vislumbrar el argumento central del libro: el dilema de la generatividad. Más temprano que tarde llegan el spam, los virus, los botnets, las computadoras zombies, el malware, el phishing, los robos de identidad, los DDoS, los ataques, las infecciones y otros males que nos hacen pensar si es buena idea seguir conectado, compartiendo datos y dejando el ordenador prendido.

Si bien por pasajes puede parecerlo, al final no peca de apocalíptico. En base a lo anterior pone sobre la mesa el problema que puede llevar esto para todos los usuarios y el futuro mismo de la red. Según Zittrain, la red lleva en su mismo origen el posible gérmen de su destrucción: la generatividad y su dilema. Con la masificación del acceso, las conexiones always-on y las pocas barreras en cuanto al conocimiento necesario para usar un ordenador hoy, la red podría colapsar si no se toman decisiones de seguridad para el futuro.

En consecuencia, advierte dos situaciones que no son ni más ni menos lo que atravesamos hoy:

  • Por un lado, cada vez están teniendo una mayor presencia en el ecosistema digital los dispositivos cerrados y estériles (tethered appliances), que ofrecen una mayor seguridad, pero resignando generatividad. Estos equipos no generativos pueden hacer o cumplir las tareas de muchas que se hacen habitualmente con un ordenador “plenamente” generativo. Ejemplos de estos casos son los móviles, las consolas, los smartphones, Iphone-Ipods, el Amazon Kindle, entre otros. Lo malo de estos dispositivos, según Zittrain, es que pueden ser remotamente inhabilitados o reconfigurados por sus fabricantes, y ni hablar de la privacidad de los datos que en él se portan. ¿Te gustaría encender un día tu dispositivo y que haya sido reconfigurado?
  • La masividad de los servicios de internet y la fiebre dospuntocerista están haciendo que de la PC ya sólo se utilice el browser. Se está migrando hacia una sola e imperante interfaz ordenador-usuario que es un navegador web. Esto lleva al peligro de que por un lado, vayamos volcando cada vez más nuestros datos a third-parties que no tienen respaldo físico, y que estén a merced de las pautas de servicio que estos proveedores tienen, un “beta permanente”. En esto Zittrain es claro: un browser no es un ordenador y es un error pensar que el futuro de éstos está en un browser.

Entonces, ¿Hacia dónde pueden converger estas dos tendencias?. Según Zittrain esto nos puede presentar graves consecuencias:

  • Que se reduzcan las oportunidades para la generatividad. Esto nos lleva a reducir la innovación y el control de la red por parte de los usuarios. Cada vez se delega más en los servicios y en las condiciones que los proveedores disponen, y a su vez se confía más en los dispositivos estériles que pueden ser modificados remotamente (el caso del Iphone y los derechos de Apple es uno de ellos).
  • Que se acreciente la regulación y control sobre otras capas no técnicas. Estos dispositivos cerrados son mucho más permeables a la regulación y el control de operadoras y fabricantes, pudiendo ingrsar en terrenos de poder y control donde hoy no están. Zittrain deja entrever que el problema está en no dar la oportunidad a que ingresen a regular agentes que hoy no lo hacen.

Cómo detener este futuro

Sin duda, aventurarse a dar una solución a este problema excede la capacidad y voluntad de cualquier mortal, y Zittrain no es ambicioso en sus soluciones. Para darnos una pauta de cómo puede sortearse este dilema de generatividad-seguridad y emprender una vía sostenible para el desarrollo de internet y sus espacios, realiza una inteligente analogía con el ordenador XO, el famoso portátil de los cien dólares por niño.

Según el autor este dispositivo combina y regula de una manera prudente el dilema entre generatividad y seguridad, consiguiendo ese término medio virtuoso. Por un lado provee herramientas para que los niños innoven, compartan y creen colectivamente, mientras que por otro tiene una serie de tecnologías que impiden distribuir un virus, infectar otros periféricos o inhabilitarse si se denuncia su robo. Este ejemplo, señala Zittrain, puede servir de ejemplo para generar dispositivos que no resignen la generatividad que hizo posible mucho de lo que conocemos hoy. Dispositivos abiertos pero seguros, que permitan correr y generar innovación en ellos, pero más resguardado. La clave entonces, conseguir ese equilibrio.

Más allá del dispositivo o la tecnología material, el autor apela también a una toma de conciencia, a un advocacy, por parte de todos los que somos parte de este ecosistema digital. Tenemos que apropiarnos e identificarnos en él como miembros plenos y con responsabilidades todos los días por su crecimiento, sostenibilidad y desarrollo. En esto, estoy plenamente de acuerdo con él.

Más información sobre el libro y el proyecto en www.thefutureoftheinternet.org

[Reseña] El poder de las redes, por David de Ugarte

 

De Ugarte (2007). El poder de las redes. Manual ilustrado para personas, colectivos y empresas abocados al ciberactivismo. El Cobre Ediciones. Disponible para el dominio público.

 

Llevaba leído en el escritorio ya más de dos meses, todo anotado y subrayado por mil partes pero sin terminar aún su reseña. A pesar de que había leído algunos tramos en la copia digital, tuve la suerte de adquirir la copia en papel en la Feria del Libro de Madrid y allí mismo conocer personalmente al autor y cambiar algunas palabras llenas de entusiasmo y muy enriquecedoras.

En primer lugar, David nos es presentado como el pescador de nombres de la red en español, y la verdad que tiene su acierto ese título que le otorgan. A lo largo del libro (unas 130 páginas, para nada extenso) el lector irá recorriendo, de la mano de los nombres asignados por el mismo autor, los distintos rincones de la red (su ecosistema, accidentes, procesos, protagonistas, etcétera) y resulta entretenido ver como cual naturalista el autor va otorgando nombres tales como «mumis», por ejemplo, a los grandes «facilitadores» de producción de abundancia de la red, entre otros tantos ejemplos que nos encontramos a lo largo del libro.

 

 

 

Pero bien, ¿de qué habla este libro?. Sobre todas las cosas nos habla de aquello que subyace a nuestro medio/ecosistema virtual que es internet hoy: la topología de su red. Esto es la misma «estructura» o la «urdimbre» sobre la cual se teje y se transmite la información día tras dia. Es algo así como analizar la estructura de los caminos por donde puede pasar la información de un nodo a otro de la red.

Para tal caso, y si hay una frase que recorre el libro de comienzo a fin es la dice:

Bajo toda estructura de la información existe una estructura de poder.

He aquí el punto de partida y de llegada al gran desafío del libro, explicar cómo los diferentes modelos o topologías de la estructura de la información concentran (o liberan) el poder tras de ella.

Antes que nada debemos aclarar que no es un libro técnico sobre estructuras de redes, el lenguaje y los contenidos están al alcance de todos. Utilizando ejemplos históricos y paralelismos con sucesos sociales recientes nos vamos introduciendo en el devenir de la transformación misma de un modelo hacia otro de estructuración de la información, o de cómo van influyendo, por ejemplo, los soportes (físicos, electrónicos) en este cambio.

Ahora mismo estamos transitando un cambio de topología, un cambio en la estructura misma de cómo la información es producida y compartida.

El primer tipo de red (la topología centralizada) es la que primó en los inicios y es en donde tenemos una información estructurada alrededor de un eje primordial (centro) y nodos pequeños (unidades satélites) conectados en torno a él. La información es unidireccionall y sujeta a un procedimiento. Si buscamos algún ejemplo histórico podemos citar la estructura política de los imperios, los partidos únicos, etcétera.

Según los mayores grados de libertad, siguen los modelos descentralizados (segunda tipología), en los que ya varios nodos ocupan el rol de eje y se comunican entre si, mas no están interconectados sus satélites. Aquí pueden citarse por ejemplo las unidades federales con las comunidades autónomas provincias, entre otros.

Por último, la red donde la información (o también el poder) fuye más libremente y a menores «costos» es la red descentralizada. En esta tipología todos están conectados con todos, y no hace falta el rol de eje o «filtro» para que la información llegue a su destino.

Atravesando estos tiempos es donde nos encontramos hoy, en  la  somos partes de una estructura cada vez más distribuida y en donde el poder ya no se concentra naturalmente en los filtros mayores, como en los modelos anteriores. Según el autor, estamos precisamente en un entorno cada vez más pluriárquico, donde somos cada vez más los que tenemos el poder de estructurar la información, y consecuentemente, el poder de distribuirla.

¿Y cuál es el sitio o entorno donde florecen estas oportunidades? Pues en la blogsfera. El autor le dedica gran parte de libro a los fenómenos que surgen desde este espacio, sean ya desde su aplicación política como catalizador y bomba de agite de las ciberturbas, o hasta como lanzaderas, como ágora en los entornos corporativos o como punto de encuentro para ciberactivistas. David se detiene en estos capítulos para darnos nutridos ejemplos y referencias sobre lo necesario en la caja de herramientas del ciberactivista de hoy, en la que no debe faltar la atención a los tres ejes básicos y naturales de las redes distribuidas: las herramientas, el discurso y la visibilidad de nuestra campaña.

Siguiendo con el tema, otro punto importante para resaltar es la mención que se realiza, ya al final del texto, sobre las oligarquías participativas y su relación con el dospuntocerismo: a mayor cantidad de usuarios de un servicio social, proporcionalmente son menos los que se dedican a producir información que a simplemente consumirla. A lo largo del tiempo, el resultado es que cada vez será menor la proporción (respecto al total) de los usuarios que filtren los contenidos para el resto. Esto forma naturalmente pequeños grupos que tienden a moldear, de acuerdo a sus elecciones o perspectivas, el conocimiento que el resto consume. Para este caso, uno de los ejemplos más ilustrativos (y más peligrosos) es la Wikipedia.

En definitiva, el libro se lee sumamente rápido por lo interesante del tema, lo ameno de su estructura y sobre todo el lenguaje con el que está escrito. En suma, El poder de las redes resulta totalmente recomendable para aquellos interesados en conocer y saber un poco más de aquello que subyace tras la superficie de la red y de la información que todos los días consumimos y producimos. Conocer un poco más el «cómo de…» nos brinda a su vez las herramientas para poder tomar partido y vivir la red como nueva experiencia de acción social.

Como nota adicional, algo que recomiendo es acompañar la lectura de El poder de las redes con vistazos a la Contextopedia, la wiki en línea que el mismo autor mantiene para brindar, precisamente,  el contexto de todo lo que escribe. Seguramente enriquecerán mucho más la lectura y la experiencia del libro.

Para los que lo lean y se queden con ganas de más, estamos a la espera del nuevo libro de la serie, del cual ya hay borrador y promete muchísimo.

El tema ahora resulta mucho más desafiante y seguramente traerá un mar de debates: De las naciones a las redes, o de cómo pasamos de pertenecer a formas políticas territoriales a nuevas redes sin distinción de fronteras.

Journals académicos abiertos y libres

Uno de los sectores que más atrasan hoy en día (entre otros, como las discográficas) son los editores de journals o revistas académicas. Su modelo de «negocio», estricto, cerrado y por subscripción (¡en algunos casos impagables!) me parece del jurásico. Lo peor del asunto es que no están vendiendo un single, sino conocimiento.

Por suerte, hay alternativas libres. Me encuentro con Open Journal Systems, una plataforma bajo licencia GPL para montar un journal propio con revisiones (peer review), flujo de documentos, plugins para citas bibliográficas, búsqueda de papers, etc.

Como la mayoría de las alternativas libres tiene varios themes para poder customizar la apariencia de la aplicación, paquetes de lenguajes y un nutrido soporte de referencia. Aquí hay una lista de todas las universidades, grupos de investigación y editoriales que ya lo utilizan.

Lecturas: «El Imperio» de Ryszard Kapuściński

El Imperio, de Ryszard KapuscinskiAyer aproveché Sant Jordi y el festejo por el día del libro y pasé por la librería cerca de casa y compré un libro que había visto reseñado por algún lugar que perdí registro.

El texto, de unas 300 páginas, narra las historias de viaje del genial cronista, periodista y poeta Ryszard Kapuściński por las ex repúblicas soviéticas en dos tiempos de relato diferentes: a principios de los años cincuenta, cuando comenzaban a construirse los cimientos de ese paraíso del proletariado (qué ironía), y en contraste, lo que observa a su regreso, ya hacia fines de los años ochentas, en el tiempo del inevitable deblace del mundo socialista.

Hasta ahora va muy bien, el comienzo de su historia es sencillamente impactante. La verdad es que Kapuściński tiene una manera de escribir en la que sientes que te lo está contando en una mesa de café, muy ameno y con un registro histórico casi quirúrgico.

Una lectura recomendable para todos los interesados en la buena crónica histórica, y qué mejor que del puño de uno de los grandes testigos de nuestro siglo.

Planeta Web 2.0

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Este 10 de septiembre es el lanzamiento oficial del nuevo libro de Hugo Pardo y Cristóbal Cobo. El trabajo, que se distribuirá de manera libre bajo licencia Creative Commons, se titula “Planeta Web 2.0 Inteligencia Colectiva o medios fast-food” y pretende ser un abordaje al concepto que tanto nos convoca hoy, pero desde el ámbito iberoamericano.

Desde sus palabras,

En un entorno en el que se generan cientos de lecturas aceleradas y mientras aún escasea una bibliografía rigurosa respecto de la Web 2.0, este libro pretende desde su primer capítulo ser un aglutinador de ideas, al diseñar un breve marco teórico para el darwinismo digital de la World Wide Web y recopilar un vasto mapa de lecturas para aquellos interesados en comprender y profundizar en este momento evolutivo de Internet.

Desde ya agradecidos todos los participantes de la blogosfera con este nuevo material de referencia y esperamos al día 10 para descargar el libro.

Vía | En el medio 

Recibido: Breve historia de la barbarie en Occidente

Tapa
En este libro, que recién comienzo a leer (¡gracias Lein!), Edgar Morin reflexiona sobre una “antropología de la barbarie”, comenzando en los orígenes de la humanidad y llegando a los totalitarismos del siglo XX: el nazismo y el estalinismo. Propone a su vez, de manera breve y sintética, analizar las raíces de la barbarie religiosa y de cómo nosotros mismos terminamos presos de nuestras propias creaciones y formas:

Aunque producidos por los humanos, los dioses adquieren una vida propia y el poder de dominar a los espíritus. Así, la barbarie humana engendra dioses crueles que, a su vez, incitan a los humanos a la barbarie. Damos forma a dioses que nos dan forma. [...] Como las ideas, las técnicas nacidas de los humanos se vuelven contra ellos. Los tiempos contemporáneos nos muestran una técnica que se desata y escapa a la humanidad que la ha producido.

Morin, Edgar. Breve historia de la barbarie en Occidente. Buenos Aires, Paidós.

Prometo más comentarios.