Category: Reflexiones

 

 

Mi país tiene la mala virtud (me permito este oxímoron) de demostrar hechos que, en ciertas ocasiones, sólo pueden pertenecer al ámbito imaginario de la mejor literatura.

A lo largo de Cien años de Soledad, García Márquez nos relata las desventuras y tropiezos de los habitantes de Macondo, un lugar tan ficticio como al fin resultó ser su destino. Allí, en el pueblo que confunde el orden, el desorden y lo imprevisto, el tiempo parece no seguir el patrón lógico del pasado, el presente y el futuro, al que el resto de la humanidad parece ya haberse acostumbrado.

En Macondo, en cambio, el tiempo parece obedecer a una curiosa rueda que gira en un eje de invisible trayectoria. Alrededor de ese mecanismo furtivo y silencioso, se ubica el destino de toda su descendencia. “El tiempo vuelve y gira en círculos” suspiran en numerosas ocasiones los personajes de la novela, casi con una resignación innata. Así deviene la vida, el amor y la tragedia en el pueblo, en un ir y volver de alegría y parrandas, soledad, barro y tempestad.

En cierta manera, Argentina podría haber sido la tierra hermana de Macondo. A lo largo de su historia ha visto muchas veces, como su hermana, el ir y volver del tiempo que engaña los calendarios. Épocas de esperanza y fulgor sucedieron a tiempos de verguenza y espanto, o a otros de silencio y letargo. Sonámbula de esa curiosa alternancia, y para su desgracia, han vuelto más los errores que los aciertos, escasos y efímeros. Así pasaron los años, en circular trayectoria, y así fueron construyéndose las paredes del laberinto a fuerza de símbolos y promesas, soberbias declaraciones y plazas repletas, cacerolas vacías y saqueos nocturnos.

Tal como ocurre en Macondo y su ciénaga, las paredes del laberinto argentino fueron alimentándose de los mismos mitos. Algunos pusieron su grano de arena, algunos otros la cal, mientras que otros tantos pusieron el agua para ligar aquella macabra mezcla,  que como inconsciente maquinaria, la separa cada vez más del mundo exterior.

Hoy Argentina no puede salir fácilmente de tal constructo de cínica arquitectura, que la obliga a disfrutar ya de pocas horas de luz. Si no fuera por el viento, que aún sopla fuerte y logra vulnerar los muros caprichosos, ni siquiera se escucharían las voces de fuera, que no entienden el asombroso destino. Todos los habitantes de la nueva Macondo, envueltos en una borrachera de poco juicio, se echan la culpa unos a otros por haber dejado crecer tanto las paredes de gigantesca celda, imposible de disimular.

Por supuesto, no faltan aquellos que confusamente, señalan falsas vías de escape. Con itinerarios tan mágicos y fantasiosos como los personajes de la novela buscan la salida del laberinto imposible, ignorando que el viaje podría medirse ya no en años, sino más bien en vidas, descontando que aparecerán obstáculos, se sufrirán desaciertos o hasta las precarias brújulas podrán dejar de funcionar.

Esta analogía imperfecta no es más que una reflexión difusa y confundida por la distancia. A este derrotero hemos llegado y hay que saber lidiar con él. No obstante restan esperanzas, las suficientes para querer torcer esa siniestra rueda del tiempo y de la historia, y que no nos permita caer en el destino de aquella Macondo fantástica que imaginara su ilustre autor, devorada lentamente por la miseria, la desidia y el olvido.

Zittrain, J. (2008). The future of Internet and how to stop it. Yale University Press. Disponible online bajo licencia CC.

Jonathan Zittrain, destacado profesor del Oxford Internet Institute y del Centro Berkman de Harvard, investiga desde hace años los modelos y dinámicas de gobernanza de internet, amenazas al desarrollo y crecimiento de la red (privacidad, malware, censura, etc.) y en este libro nos ofrece su visión de cómo puede virar el futuro de internet en las condiciones que hoy conocemos.

El libro, de unas 330 páginas y tres partes, está muy bien escrito, excelentemente documentado con cientos de notas de referencia y mantiene una línea explicativa clara. Es fácil ir siguiendo el argumento, aunque por algunos tramos puede retornar a conceptos ya pasados. Por la misma formación y experiencia del autor, el libro está mas cerca de ser un texto académico que uno de divulgación general sobre la red y la tecnología. No obstante, el lector no especialista encontrará explicaciones y analogías muy sencillas y cotidianas para poder comprender los puntos y conceptos más importantes del libro.

Zittrain se pregunta: ¿Cómo será el futuro de Internet? ¿Seguirá estando la PC en nuestros escritorios, o quedará obsoleta como un gramófono?. Esta aparente lluvia de creatividad y libertad en la red. ¿Es sostenible, o genera silenciosamente una amenaza a toda la red en su conjunto? ¿Qué se necesita para sostener una red segura y abierta para la innovación y la participación de todos?

La génesis de la generatividad

Había una vez, hace mucho tiempo, en la historia informática, los ordenadores servían para una sola tarea, y programarlos era cuestión de especialistas y científicos experimentados. Las compañías tecnológicas de aquellos años (IBM, Westinghouse, entre otras) ofrecían el “servicio” de cálculo, gestión y mantenimiento de esos monstruos que ocupaban oficinas enteras. Todo estaba controlado, seguro y bajo cánones de seguridad estrictos. Estos equipos raramente estaban interconectados y sólo una legión de terminales “bobas” interactuaban con ella, mostrando datos de su nodriza.

El cisma tardó en llegar unos veinte años, allá por los primeros ochentas. Nacida en garajes y de padres amateurs ve la luz la PC, una pequeña caja que procesa. Un ordenador “personal” que incluía sin grandes inversiones y a un precio módico, poder de procesamiento. Aún más, podía utilizar una cinta de cassette como soporte y un televisor como monitor. El precio no era lo mejor que tenía para ofrecer, sino que lo mejor era que podía obedecer instrucciones. Se presentaba e increpaba al usuario con un cursor titilante esperando que le dijeran qué hacer. No se lo decía a científicos ni ingenieros, sino a gente tecnófila, en la sala o en el fondo de su casa.

Según Zittrain, aquí se abre el paradigma de la generatividad. Es la posibilidad de hacer y dotar de usos distintos a un equipo o dispositivo informático. Es hacer que haga, que procese, que calcule, que interactúe, que construya, que juegue, y por supuesto, que también falle. Por algunos pocos dólares podía conseguirse un dispositivo que interpretaba instrucciones y ejecutaba operaciones.

Del amanecer de la generatividad a la noche de los programadores domésticos hay un sólo paso: las ganas, la curiosidad y las ganas de innovar. Rápidamente se desarrollaron programas para diversas utilidades (procesamiento de texto, calculadoras, etc.) y las compañías de software hicieron su primavera. Todo cabía en esa pequeña caja que le ganaba de mano a los gigantes. Se abría una nueva era.

Pero esta nueva era es poco. Si se tienen dos ordenadores en una oficina lo primero que se nos ocurre es conectarlos entre sí. De esta manera llega la segunda ola de generatividad, y viene con la red Internet. En este caso el tsunami es más podersoso. Años antes, y emulando esos mainframes propietarios, aparecieron los walled-gardens de las telcos y empresas de medios que ofrecían a su suscriptor todo listo, hecho y fácil de consumir. Pero tardaron poco en darse cuenta que en la otra vereda, en el jardín de internet, el pasto era más verde y la gente tenía más posibilidades de crear.

Nuevamente, amateurs, científicos y académicos articulaban en un espacio que contaba nada más que con un puñado de estándares una red libre, abierta y que podía correr código, para cualquiera que lo escriba. Una vez más, la posibildiad de hacer e innovar estaba al alcance de la mano. Gracias a esta doble generatividad, de PCs programables por cualquiera y una red abierta a aplicaciones y servicios, tenemos el ecosistema digital de hoy.

La tecnología no es neutral

Pero bien, con estas posibildiades y con la generatividad cualquiera puede hacer su propio uso. Aquí es donde Zittrain comienza a vislumbrar el argumento central del libro: el dilema de la generatividad. Más temprano que tarde llegan el spam, los virus, los botnets, las computadoras zombies, el malware, el phishing, los robos de identidad, los DDoS, los ataques, las infecciones y otros males que nos hacen pensar si es buena idea seguir conectado, compartiendo datos y dejando el ordenador prendido.

Si bien por pasajes puede parecerlo, al final no peca de apocalíptico. En base a lo anterior pone sobre la mesa el problema que puede llevar esto para todos los usuarios y el futuro mismo de la red. Según Zittrain, la red lleva en su mismo origen el posible gérmen de su destrucción: la generatividad y su dilema. Con la masificación del acceso, las conexiones always-on y las pocas barreras en cuanto al conocimiento necesario para usar un ordenador hoy, la red podría colapsar si no se toman decisiones de seguridad para el futuro.

En consecuencia, advierte dos situaciones que no son ni más ni menos lo que atravesamos hoy:

  • Por un lado, cada vez están teniendo una mayor presencia en el ecosistema digital los dispositivos cerrados y estériles (tethered appliances), que ofrecen una mayor seguridad, pero resignando generatividad. Estos equipos no generativos pueden hacer o cumplir las tareas de muchas que se hacen habitualmente con un ordenador “plenamente” generativo. Ejemplos de estos casos son los móviles, las consolas, los smartphones, Iphone-Ipods, el Amazon Kindle, entre otros. Lo malo de estos dispositivos, según Zittrain, es que pueden ser remotamente inhabilitados o reconfigurados por sus fabricantes, y ni hablar de la privacidad de los datos que en él se portan. ¿Te gustaría encender un día tu dispositivo y que haya sido reconfigurado?
  • La masividad de los servicios de internet y la fiebre dospuntocerista están haciendo que de la PC ya sólo se utilice el browser. Se está migrando hacia una sola e imperante interfaz ordenador-usuario que es un navegador web. Esto lleva al peligro de que por un lado, vayamos volcando cada vez más nuestros datos a third-parties que no tienen respaldo físico, y que estén a merced de las pautas de servicio que estos proveedores tienen, un “beta permanente”. En esto Zittrain es claro: un browser no es un ordenador y es un error pensar que el futuro de éstos está en un browser.

Entonces, ¿Hacia dónde pueden converger estas dos tendencias?. Según Zittrain esto nos puede presentar graves consecuencias:

  • Que se reduzcan las oportunidades para la generatividad. Esto nos lleva a reducir la innovación y el control de la red por parte de los usuarios. Cada vez se delega más en los servicios y en las condiciones que los proveedores disponen, y a su vez se confía más en los dispositivos estériles que pueden ser modificados remotamente (el caso del Iphone y los derechos de Apple es uno de ellos).
  • Que se acreciente la regulación y control sobre otras capas no técnicas. Estos dispositivos cerrados son mucho más permeables a la regulación y el control de operadoras y fabricantes, pudiendo ingrsar en terrenos de poder y control donde hoy no están. Zittrain deja entrever que el problema está en no dar la oportunidad a que ingresen a regular agentes que hoy no lo hacen.

Cómo detener este futuro

Sin duda, aventurarse a dar una solución a este problema excede la capacidad y voluntad de cualquier mortal, y Zittrain no es ambicioso en sus soluciones. Para darnos una pauta de cómo puede sortearse este dilema de generatividad-seguridad y emprender una vía sostenible para el desarrollo de internet y sus espacios, realiza una inteligente analogía con el ordenador XO, el famoso portátil de los cien dólares por niño.

Según el autor este dispositivo combina y regula de una manera prudente el dilema entre generatividad y seguridad, consiguiendo ese término medio virtuoso. Por un lado provee herramientas para que los niños innoven, compartan y creen colectivamente, mientras que por otro tiene una serie de tecnologías que impiden distribuir un virus, infectar otros periféricos o inhabilitarse si se denuncia su robo. Este ejemplo, señala Zittrain, puede servir de ejemplo para generar dispositivos que no resignen la generatividad que hizo posible mucho de lo que conocemos hoy. Dispositivos abiertos pero seguros, que permitan correr y generar innovación en ellos, pero más resguardado. La clave entonces, conseguir ese equilibrio.

Más allá del dispositivo o la tecnología material, el autor apela también a una toma de conciencia, a un advocacy, por parte de todos los que somos parte de este ecosistema digital. Tenemos que apropiarnos e identificarnos en él como miembros plenos y con responsabilidades todos los días por su crecimiento, sostenibilidad y desarrollo. En esto, estoy plenamente de acuerdo con él.

Más información sobre el libro y el proyecto en www.thefutureoftheinternet.org

 

De Ugarte (2007). El poder de las redes. Manual ilustrado para personas, colectivos y empresas abocados al ciberactivismo. El Cobre Ediciones. Disponible para el dominio público.

 

Llevaba leído en el escritorio ya más de dos meses, todo anotado y subrayado por mil partes pero sin terminar aún su reseña. A pesar de que había leído algunos tramos en la copia digital, tuve la suerte de adquirir la copia en papel en la Feria del Libro de Madrid y allí mismo conocer personalmente al autor y cambiar algunas palabras llenas de entusiasmo y muy enriquecedoras.

En primer lugar, David nos es presentado como el pescador de nombres de la red en español, y la verdad que tiene su acierto ese título que le otorgan. A lo largo del libro (unas 130 páginas, para nada extenso) el lector irá recorriendo, de la mano de los nombres asignados por el mismo autor, los distintos rincones de la red (su ecosistema, accidentes, procesos, protagonistas, etcétera) y resulta entretenido ver como cual naturalista el autor va otorgando nombres tales como «mumis», por ejemplo, a los grandes «facilitadores» de producción de abundancia de la red, entre otros tantos ejemplos que nos encontramos a lo largo del libro.

 

 

 

Pero bien, ¿de qué habla este libro?. Sobre todas las cosas nos habla de aquello que subyace a nuestro medio/ecosistema virtual que es internet hoy: la topología de su red. Esto es la misma «estructura» o la «urdimbre» sobre la cual se teje y se transmite la información día tras dia. Es algo así como analizar la estructura de los caminos por donde puede pasar la información de un nodo a otro de la red.

Para tal caso, y si hay una frase que recorre el libro de comienzo a fin es la dice:

Bajo toda estructura de la información existe una estructura de poder.

He aquí el punto de partida y de llegada al gran desafío del libro, explicar cómo los diferentes modelos o topologías de la estructura de la información concentran (o liberan) el poder tras de ella.

Antes que nada debemos aclarar que no es un libro técnico sobre estructuras de redes, el lenguaje y los contenidos están al alcance de todos. Utilizando ejemplos históricos y paralelismos con sucesos sociales recientes nos vamos introduciendo en el devenir de la transformación misma de un modelo hacia otro de estructuración de la información, o de cómo van influyendo, por ejemplo, los soportes (físicos, electrónicos) en este cambio.

Ahora mismo estamos transitando un cambio de topología, un cambio en la estructura misma de cómo la información es producida y compartida.

El primer tipo de red (la topología centralizada) es la que primó en los inicios y es en donde tenemos una información estructurada alrededor de un eje primordial (centro) y nodos pequeños (unidades satélites) conectados en torno a él. La información es unidireccionall y sujeta a un procedimiento. Si buscamos algún ejemplo histórico podemos citar la estructura política de los imperios, los partidos únicos, etcétera.

Según los mayores grados de libertad, siguen los modelos descentralizados (segunda tipología), en los que ya varios nodos ocupan el rol de eje y se comunican entre si, mas no están interconectados sus satélites. Aquí pueden citarse por ejemplo las unidades federales con las comunidades autónomas provincias, entre otros.

Por último, la red donde la información (o también el poder) fuye más libremente y a menores «costos» es la red descentralizada. En esta tipología todos están conectados con todos, y no hace falta el rol de eje o «filtro» para que la información llegue a su destino.

Atravesando estos tiempos es donde nos encontramos hoy, en  la  somos partes de una estructura cada vez más distribuida y en donde el poder ya no se concentra naturalmente en los filtros mayores, como en los modelos anteriores. Según el autor, estamos precisamente en un entorno cada vez más pluriárquico, donde somos cada vez más los que tenemos el poder de estructurar la información, y consecuentemente, el poder de distribuirla.

¿Y cuál es el sitio o entorno donde florecen estas oportunidades? Pues en la blogsfera. El autor le dedica gran parte de libro a los fenómenos que surgen desde este espacio, sean ya desde su aplicación política como catalizador y bomba de agite de las ciberturbas, o hasta como lanzaderas, como ágora en los entornos corporativos o como punto de encuentro para ciberactivistas. David se detiene en estos capítulos para darnos nutridos ejemplos y referencias sobre lo necesario en la caja de herramientas del ciberactivista de hoy, en la que no debe faltar la atención a los tres ejes básicos y naturales de las redes distribuidas: las herramientas, el discurso y la visibilidad de nuestra campaña.

Siguiendo con el tema, otro punto importante para resaltar es la mención que se realiza, ya al final del texto, sobre las oligarquías participativas y su relación con el dospuntocerismo: a mayor cantidad de usuarios de un servicio social, proporcionalmente son menos los que se dedican a producir información que a simplemente consumirla. A lo largo del tiempo, el resultado es que cada vez será menor la proporción (respecto al total) de los usuarios que filtren los contenidos para el resto. Esto forma naturalmente pequeños grupos que tienden a moldear, de acuerdo a sus elecciones o perspectivas, el conocimiento que el resto consume. Para este caso, uno de los ejemplos más ilustrativos (y más peligrosos) es la Wikipedia.

En definitiva, el libro se lee sumamente rápido por lo interesante del tema, lo ameno de su estructura y sobre todo el lenguaje con el que está escrito. En suma, El poder de las redes resulta totalmente recomendable para aquellos interesados en conocer y saber un poco más de aquello que subyace tras la superficie de la red y de la información que todos los días consumimos y producimos. Conocer un poco más el «cómo de…» nos brinda a su vez las herramientas para poder tomar partido y vivir la red como nueva experiencia de acción social.

Como nota adicional, algo que recomiendo es acompañar la lectura de El poder de las redes con vistazos a la Contextopedia, la wiki en línea que el mismo autor mantiene para brindar, precisamente,  el contexto de todo lo que escribe. Seguramente enriquecerán mucho más la lectura y la experiencia del libro.

Para los que lo lean y se queden con ganas de más, estamos a la espera del nuevo libro de la serie, del cual ya hay borrador y promete muchísimo.

El tema ahora resulta mucho más desafiante y seguramente traerá un mar de debates: De las naciones a las redes, o de cómo pasamos de pertenecer a formas políticas territoriales a nuevas redes sin distinción de fronteras.

Vuelvo de dos semanas de inactividad total con la red. Me pareció algo extraño, quebrar con la rutina de todos los días (leer el lector de feeds, los amigos de twitter, los feeds de facebook, fotos de flickr, feed de cambios de la wikipedia, linkedin, etc.) pero al pasar los días se fueron pasando sin pensar en toda la información acumulada en los repositorios habituales.

Precisamente, al regresar y notar el volumen y altura de la pila de cosas que habia para leer, chequear, responder y comentar, me hizo caer en la cuenta de la impresionante cantidad de información que uno adquiere día a día, casi sin la posibilidad de asimilarla de una manera sana.

El fenómeno, del que muchos hablaron ya, se denomina infoxicación y es producto de las nuevas pautas de consumo cultural y de la baratísima posibilidad de generar multiversidad de contenidos y publicarlos en la red. Este fenómeno, a nivel más macro, se denomina Exaflood (del que habíamos hablado antes) y evidencia la exponenciación de los contenidos publicados y disponibles para el consumo. Creo que bien vale la reflexión.

En el viaje tuve la suerte de estar visitando algunas ciudades como Sao Paulo, Bogotá y Panamá durante estos días, con intensas actividades de trabajo. Más allá de que me ocupaban gran parte del día, siempre se puede observar un poquillo de la cotidianedad, los códigos y pareceres de las urbes donde uno cae.

Coincide que en ninguna de las tres ciudades había estado antes (aunque si unas horas en Panamá, pero no cuentan). De Sao Paulo, me queda grabada su extensión como gran megaurbe latinoamericana. Cientos de camiones de transporte, siluetas de edificios hasta el infinito, avenidas amplias con mucho tránsito y un aeropuerto abarrotado dan evidencias de la cantidad de gente que vive y transita por la ciudad. Rutas repletas de industrias muestran también el enorme desarrollo como polo económico no sólo del Brasil, sino del Mercosur. En total, sólo el estado de Sao Paulo es poco más de dos veces el producto bruto de toda la República Argentina.

Bogotá es una ciudad muy cálida en su gente y en sus maneras. A pesar de que los bogotanos tienen la fama de ser los colombianos más distantes, me sentí totalmente a gusto. Lo que sí se nota es que se debe estar mucho mejor que en algún pasado reciente, pero aún así sigue siendo una ciudad de contrastes.

Uno puede estar en lugares muy bonitos, con infraestructura y servicios de primer nivel, pero también observar barriadas marginales y mucha indigencia en las calles. No es algo de asombro, lamentablemente, para aquellos que tenemos ojos latinoamericanos, por otra parte he notado un clima de moderado optimismo y un fuerte apoyo al presidente Uribe (semana antes de la liberación de Ingrid Betancourt). Me sorprendieron de Bogotá la velocidad de sus taxis (esos amarillitos, ¡van a mil!) y el nivel de seguridad en las calles (aunque me confirmaron que es abrumadoramente menor que hace algunos años).

A Panamá la imaginaba diferente, mucho más típica como ciudad latina. Sin embargo, la influencia norteamericana es bastante fuerte. Mucho spanglish, cadenas de comidas rápidas americanas, productos y un aire en el ambiente que tiene un estilo miamiesco (salvando las distancias). Tuve oportunidad de visitar el Canal por la noche (hay un tour virtual aquí), y reconozco que aunque lo había visto más “monumental” en algunos videos, cumplió mis expectativas por lo profundo de su historia y por la simpleza de su principio técnico de operación: trasvase de líquidos que transportan miles y miles de toneladas de acero hecho barcos. Me comentaban que se tarda aproximadamente 9 horas en cruzar de un océano al otro, y que los capitanes que hacen el cruce deben ser todos panameños. También, con mucho orgullo, que los indicadores de operación del canal mejoraron muchísimo desde que pasó a manos panameñas (recuerden el acuerdo Torrijos-Carter).

Este viaje ha sido más que enriquecedor y productivo, tanto en el plano laboral como en el personal. Viajar es una de las grandes experiencias de la vida, te permite conocer gente, lugares, costumbres y también ampliar nuestros horizontes.

(El título de este post es el nombre de uno de mis libros favoritos de Pablo Neruda, publicado en 1957).

Uno de los sectores que más atrasan hoy en día (entre otros, como las discográficas) son los editores de journals o revistas académicas. Su modelo de «negocio», estricto, cerrado y por subscripción (¡en algunos casos impagables!) me parece del jurásico. Lo peor del asunto es que no están vendiendo un single, sino conocimiento.

Por suerte, hay alternativas libres. Me encuentro con Open Journal Systems, una plataforma bajo licencia GPL para montar un journal propio con revisiones (peer review), flujo de documentos, plugins para citas bibliográficas, búsqueda de papers, etc.

Como la mayoría de las alternativas libres tiene varios themes para poder customizar la apariencia de la aplicación, paquetes de lenguajes y un nutrido soporte de referencia. Aquí hay una lista de todas las universidades, grupos de investigación y editoriales que ya lo utilizan.

Esa es la idea, a grandes trazos, de Eben Moglen, académico de Columbia, que señala algo que tiene bastante sentido: los servicios de redes sociales masivas, hoy en «auge» como Facebook, Hi5, Orkut, etcétera, no hacen más que ir en contra del espíritu comunero (él llama socialista) que la red tuvo en sus orígenes.

¿Qué había en esos orígenes? Pues bien, ausencia de advertising, ausencia de control y vigilancia de la información, estructuras abiertas, no comercialización de los datos privados, y un espíritu de construcción de red basado en el grupo, y no en el individuo.

Por el contrario, con la explosión reciente de estos servicios, multitarget y omnipresentes, según Moglen, hemos entrado en una etapa de subversión del espíritu original de la red, ya que éstas hoy se construyen con el fin del lucro, control, propiedad, seguimiento y valorización de cada uno de sus miembros. 

En una posición que comparto, señala que hoy no se estimula a que las propias comunidades creen sus propias redes sociales con software abierto y libre, sino más bien se invita a utilizar las masivas como compartimentos cerrados, donde tras la máscara de lo gratuito y lo sencillo, se entrega información personal que será luego analizada y monetizada, sin posibilidades de borrarla.

Las grandes empresas siguen invirtiendo cada vez más fuerte y pareciera sin límites en las redes sociales masivas, bien consolidadas o emergentes, y sea creando perfiles y trazando sus visitas, ya sea invirtiendo en publicidad, o trasladando su uso a otros dispositivos, como los móviles, para lograr la instantaneidad y ubicuidad de la identidad en tu red social de pertenencia. 

¿Tiene esto algo de malo? Bueno, hay ciertos peligros al mediano plazo. El peor de los escenarios puede verse en el conflicto y gran batalla de redes, operadores y empresas de software, que inevitablemente para sobrevivir bipolaricen en un futuro el ecosistema de la red, generando una red antagónica y propietaria que amenace una red distribuida y libre.

Vamos, que no parece poco.

Muy buena entrada de Juan Varela sobre la emergencia de un nuevo sentido de la cartografía: ubicua, colaborativa, distribuida. Lo único estático es el lugar físico y las construcciones. El cambio está en que los contextos del mapa son lo más relevante y lo socialmente re-construido.

Elementos como los GPSs, la integración de mashups con mapas, servicios y experiencias de viaje hacen que el nomadismo digital comience a ser más fácil. Personalmente estoy planeando algunos viajes y no paro de utilizar Google Earth para conocer los spots más relevantes, ver reseñas de alojamiento, web cams en vivo desde esos lugares, y un larguísimo etcétera.

¿Podremos tener en línea, dentro de unos años, un aleph social?

avatar Hola, bienvenido a mi pequeño barco en la red. Mi nombre es Yamil Salinas Martínez, y me interesa todo lo relacionado con esta revolución que estamos atravesando, la revolución digital de la información.

Un diploma dice que soy politólogo, cursé una Maestría en Relaciones Internacionales pero me atrae cruzar disciplinas, saberes y experiencias. Creo fervientemente en el poder de las redes para fortalecer las relaciones humanas, el desarrollo económico, la acción política y fundamentalemente la vida en democracia.

Mis inquietudes remiten al estudio de las TICs en América Latina, el desarrollo de la Sociedad de la Información, el impacto de las comunicaciones móviles, la cultura digital, los negocios basados en la desterritorialización y el trabajo corporativo en redes distribuidas. Puedes contactarte conmigo desde aquí o darte una vuelta por donde guardo mis contextos.