Categoría : Reflexiones

A 17 años de la caída del Muro de Berlín

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Un día como hoy, hace 17 años caía la bipolaridad. No sería tanto como dijeron algunos, de que se llegaba al fin de la historia. Lo cierto es con esos trozos de granito cayó, de manera implacable, una manera de ver el mundo, el hombre y la sociedad, con sus efímeras virtudes y prontas fallas.
Lástima que a 17 años de aquella idea, todavía hoy en el mundo libre se sigan agregando ladrillos a la pared.

España y Argentina: ¿dos caminos, dos destinos?

Interesantísima la nota de Martín Varsavsky que publicó la revista Noticias sobre las trayectorias de desarrollo de España y la Argentina. Con el corazón en un lado, y la razón en el otro, procura encontrar en qué falló nuestro país para ser lo que España es hoy: un país plural, con una democracia sólida, notable prosperidad económica y respeto por la ley. Si bien comparto algunos puntos, el desarrollo español hoy, como todo, tiene sus puntos que mejorar. La integración de los inmigrantes, los problemas de la vivienda y las expectativas de los jóvenes españoles son “problemitas” en la agenda actual.

Pero claro, quién no quisiera tener esos “problemas”. Éstos no ni tienen ni punto de comparación con los nuestros, donde se evidencia de la manera cada vez más cruda la concentración de poder, las viscerales relaciones político-sindicales-clientelares-sultanisticas del peronismo y la carencia absoluta de opciones opositoras viables. Sumando la (in)seguridad de la justicia y el aparato policial, un sistema educativo temblequeante y un aparato productivo muchas veces egoísta, estamos bastante jodios.

Pero bueno, hay que ser optimistas. Según el FT estamos en el mejor contexto de nuestra historia. WTF??

La situación política en Cuba

Después de varios días ya de castritis, y de toda la vaina que alimenta la prensa internacional con conjeturas, rumores y largos etcéteras, creo que la situación política que está atravesando Cuba merece alguna reflexión profunda.

Tuve la suerte y el honor de visitar la isla el último enero. Conocí mucha gente, con la que hablé bastante intentando dilucidar eso tan complejo que es la sociedad cubana. Parece mentira, pero me sentí (a pesar de la cultura, el lenguaje, y la gente en sí), como bajo otro paradigma. Relaciones sociales poco comunes, extrañas para mi mundo de la vida aquí, en Buenos Aires, en Argentina.

La pregunta obligada con quien me cruzaba era ¿Y cómo piensas a Cuba sin Fidel? ¿Qué es lo que crees que pasará?. Desde barrenderas, médicos, emprendedores (sí, existen allí también) hasta músicos y taxistas fueron interpelados a tal pregunta.

La sensación general que me dejó es que la mayoría no quiere (o quería, en aquel momento) siquiera pensar qué es lo que podría suceder. Casi como que pateaban el momento para adelante. “Y bueno chico, ia veremos que pasa…”. Muchos otros decían que seguiría todo igual, con una leve apertura al comercio internacional, de a poco. Otros dejaban ver un cierto optimismo, diciendo que “vamos a estar mejor”, aunque no precisando porqué, si por una democracia competitiva multipartidista, si por el libre mercado, o si porque bajaría el precio del ron. Sólo uno me dejó con algo de preocupación: “Cuando Fidel no esté, esto se transforma en Colombia”, aseveró. Y claro, pensé. Cuba puede ser un puente perfecto para el ingreso de narcóticos a las costas de los Estados Unidos. Esta persona temía el ingreso de bandas de Miami que utilicen la isla como base de maniobras, aprovechando la clarísima posición estratégica de Cuba.

Un médico de Cienfuegos echó un poco mas de luz al tema al decirme algo como esto:

“Mira, aquí no creemos en el comunismo abstracto, o en el socialismo ideal. Aquí la mayoría de la gente, y me incluyo, somos fidelistas. Creemos en Fidel y en lo que dice. Si debe decirle al pueblo algo malo, pues te lo va a decir. En lo que no tenemos confianza es en la gente del entorno.”

Caramba dije. No en vano alguien se mantiene en el poder por cuarenta y siete años. Sentí que la gente creía en su palabra pero no en la de sus ministros, delegados populares o incluso en su hermano Raúl.

“Si Fidel dice que la libra de arroz debe valer tanto, pues al otro día lo vale”.

Y aquí es donde me quiero detener, y alejarme un poco de la anécdota. Según mi humilde pensar, Fidel es el centro solar del universo cubano. A diferencia del partido-sol que regía a los países comunistas tradicionales (URSS, China) en Cuba el sol es Fidel. Es el brazo motor de la vida social, la administración pública y hasta del precio del arroz.

Lo que pensaba entonces era, recapitulando esa falta de confianza en el entorno con la centralidad de su figura en la vida social del país, que cuando no esté a Cuba se le apagaba el sol. Debía buscar, rápidamente, otro eje ordenador, otro centro organizador.

Y esto es lo que quiero destacar. El argumento ahora es que Cuba ingresa (o es más, ya ingresó según algunos) en una “transición”. Prudencia con esto, simplemente hubo un cambio de mando, y miren lo escueto que es que hasta el mando sigue teniendo el mismo apellido.

Las demandas de “reforma” y apertura democrática, de mercado, etc., estimo no vendrán en mayor volumen desde el pueblo cubano, (como en la caída del muro, o en el sistema soviético) sino desde el mismo sistema internacional, presionando la situación para “incluir a Cuba en Occidente”. Y cuando digo sistema internacional, además de los Estados, incluyo a las Organizaciones Internacionales y los grandes holdings y firmas trasnacionales.
Por eso digo atención. Espero que Cuba encuentre su paso y ritmo para transitar la ausencia de su líder y centro rector. Considero que es un pueblo absolutamente capaz de dirigir su propio proceso de reemplazo de su eje.

Veremos lo que sucede.

Un padre y su hijo

Ayer vi algunas imágenes en video sobre la masacre de Qana, donde como todo el mundo sabe murieron civiles, entre ellos un gran número de niños, creo que todavía no han precisado el número. De todas maneras no importa. ¿Acaso se pueden contar niños muertos? Qué importa si es uno, veinte o cincuenta, da igual. Imagino incluso que los números querrían dejar de ser tales si les tocara ser para contar a niños muertos. Eran simples niños, estaban durmiendo, seguramente con miedo, pasando por una guerra imbécil.

Las imágenes que vi ayer, muy parecidas a la foto que está aquí al costado, mostraban a un padre llevando en brazos a su hijo, entre los escombros, gritando de furia y desesperación. Era imposible no verlo en sus ojos. La imagen me quedó grabada a fuego.

Hoy por la mañana, yendo al trabajo aquella imagen de Qana, ciudad libanesa a no se cuántos miles de kilómetros de distancia, casi como en un flash se me vino nuevamente a los ojos. Pasaba yo por una esquina de Buenos Aires, (digamos que cualquiera, es lo mismo) y vi a un padre llevar de la misma manera a su hijo, en brazos. Hacía frío y el niño iba dormido, inmóvil, seguramente hacia el jardín de infantes. El padre le iba cantando.

Por un microsegundo me quedé helado. Sentí que tenía a aquel padre de Qana frente mío. No se porqué la imagen del padre, llevando en brazos a aquel niño, se mimetizó con esa que ví en las noticias ayer.

Luego de algunas cuadras pensando en ello, y tratando de salir de aquel hielo sentí que la analogía era muy sencilla. No eran más que un padre y su hijo, los dos podrían estar riendo, yendo a la escuela. Pensé entonces, una vez más, en lo absurdo de la guerra, qué vil desperdicio.

Tal como Antonio Mas, también me sentí libanés.