Categoría : Sociedad Red

Comcast, culpable por bloquear transferencias P2P de sus usuarios

 

En un fallo importantísimo para la defensa de la neutralidad de la red, la FCC encontró culpable a Comcast (uno de los principales ISPs de Estados Unidos) de interferir en la transferencia de paquetes P2P de sus usuarios. La táctica empleada era la de intervenir en el medio de la transferencia enviando paquetes que simulaban haber terminado la descarga, confundiendo así a los clientes de torrents de los usuarios.

Dice la FCC:

Ruling on a complaint by Free Press and Public Knowledge as well as a petition for declaratory ruling, the Commission concluded that Comcast has unduly interfered with Internet users’ right to access the lawful Internet content and to use the applications of their choice. Specifically, the Commission found that Comcast had deployed equipment throughout its network to monitor the content of its customers’ Internet connections and selectively block specific types of connections known as peer-to-peer connections.

El caso (Hart vs. Comcast) sienta un importante precedente para impedir que los ISPs filtren o bloqueen el acceso a protocolos de comunicaciones. No obstante, para otros esta medida puede significar que, al verse impedidos de controlar el ancho de banda por esta vía, comiencen a utilizar la tarificación medida, o el fin de la tarifa plana de conexión.

Prueba la neutralidad de tu ISP con Switzerland

 

 

 

 

 

 

Hablando de neutralidad de la red en el post anterior, acaba de lanzarse (aunque en estado muy alpha) una herramienta para probar si tu proveedor de acceso (ISP) está ejerciendo algún tipo de bloqueo/priorización en los paquetes de datos en el tráfico. 

“Switzerland”, (así se llama la herramienta) fue desarrollado bajo licencia libre por la EFF (Electronic Frontier Fundation) y su trabajo es chequear la integridad de los paquetes que salen y entran de tu terminal (comparándolos con otro testigo) para verificar si hay algún tipo de modificación «en el camino», ya sea por cuestiones técnicas o de filtrado de acceso (censura).

Muy buena iniciativa para poner en nuestras manos la defensa de una red neutral.

La OPEC del futuro, o la cartelización del Ancho de Banda

Las notas de contribución (OP-Eds) del New York Times suelen ser excelentes y muy recomendables. Hace unos días publicaron una de Tim Wu, “OPEC 2.0″ (EN – requiere suscripción), uno de los más reputados especialistas sobre la Neutralidad de la Red y la gobernanza de Internet.

En este caso Wu señala algo muy lógico pero como pocos dan cuenta: quién controlará y regulará la oferta y acceso de ancho de banda en el futuro. Haciendo una analogía con el modelo de producción industrial en el que el petróleo es el insumo indispensable, en el nuevo modelo de producción de conocimiento ese insumo es el ancho de banda (bandwith).

En sus palabras:

Like energy, bandwidth is an essential economic input. You can’t run an engine without gas, or a cellphone without bandwidth. Both are also resources controlled by a tight group of producers, whether oil companies and Middle Eastern nations or communications companies like AT&T, Comcast and Vodafone. That’s why, as with energy, we need to develop alternative sources of bandwidth.

Wu llama a la urgente reflexión sobre búsquedas alternativas a la provisión de señal (como por ejemplo ser dueño de tu porción de fibra). Varias ciudades están haciendo pilotos y hasta Google también lo está planteando como alternativa (con sus propios intereses, claro). De todas maneras, creo que esto aún no resuelve el problema de dependencia de ISPs al largo plazo.

Los cibercafés como espacios de aprendizaje e inclusión digital

 

Foto: victoria.sgz

Muy buena la nota que publica hoy La Nación sobre la importancia de los cibercafés en zonas donde el acceso no es servido por carriers de manera masiva. Estas zonas (en áreas urbanas) son generalmente espacios de alta marginalidad social, donde además hay carencia de otros servicios básicos y poca acción estatal, o bien son zonas rurales de difícil acceso.

Más allá del retrato «social» del uso de los cibers que el reportaje comenta, lo bueno de la nota es que señala la necesidad de que nuestras administraciones o gobiernos utilicen los cibers como campo de acción de políticas públicas de inclusión y formación digital (reducción de brecha de acceso). Más allá de que puedan abrirse centros públicos de acceso, los chicos y habitués de los cibers tienden a apropiarse de ese espacio de socialización y sería positivo que el gobierno se acerque a él, ejecutando programas de trabajo, transformando el ciber en taller de informática de escuelas carenciadas, en espacio de cursos para personas en situación de desempleo, desarrollo para emprendedores barriales, entre otras.

Pensemos que estos espacios no sólo sirven de socialización «digital» (juegos en red, mensajería instantánea, fotologs, navegación, etcétera) sino también como espacios de socialización “real” que fueron reemplazando a los de modelos sociales más tradicionales como los clubes deportivos, asociaciones religiosas o las sociedades de fomento. En general, estos espacios (propios del Estado de Bienestar) fueron decayendo por la misma dinámica del modelo neoliberal (si podemos llamarlo así) que deja menos tiempode ocio para el disfrute colectivo, asignándose al ocio individual o puertas adentro.

En esta misma línea de trabajo, y con una excelente producción online, hace algún tiempo un equipo de antropólogos de la Universidad de Buenos Aires abrió el blog Mundo Locutorio, donde se exploran estas dinámicas de socialización, usos de estos espacios y acciones vinculadas con el aprendizaje.

[Reseña] El poder de las redes, por David de Ugarte

 

De Ugarte (2007). El poder de las redes. Manual ilustrado para personas, colectivos y empresas abocados al ciberactivismo. El Cobre Ediciones. Disponible para el dominio público.

 

Llevaba leído en el escritorio ya más de dos meses, todo anotado y subrayado por mil partes pero sin terminar aún su reseña. A pesar de que había leído algunos tramos en la copia digital, tuve la suerte de adquirir la copia en papel en la Feria del Libro de Madrid y allí mismo conocer personalmente al autor y cambiar algunas palabras llenas de entusiasmo y muy enriquecedoras.

En primer lugar, David nos es presentado como el pescador de nombres de la red en español, y la verdad que tiene su acierto ese título que le otorgan. A lo largo del libro (unas 130 páginas, para nada extenso) el lector irá recorriendo, de la mano de los nombres asignados por el mismo autor, los distintos rincones de la red (su ecosistema, accidentes, procesos, protagonistas, etcétera) y resulta entretenido ver como cual naturalista el autor va otorgando nombres tales como «mumis», por ejemplo, a los grandes «facilitadores» de producción de abundancia de la red, entre otros tantos ejemplos que nos encontramos a lo largo del libro.

 

 

 

Pero bien, ¿de qué habla este libro?. Sobre todas las cosas nos habla de aquello que subyace a nuestro medio/ecosistema virtual que es internet hoy: la topología de su red. Esto es la misma «estructura» o la «urdimbre» sobre la cual se teje y se transmite la información día tras dia. Es algo así como analizar la estructura de los caminos por donde puede pasar la información de un nodo a otro de la red.

Para tal caso, y si hay una frase que recorre el libro de comienzo a fin es la dice:

Bajo toda estructura de la información existe una estructura de poder.

He aquí el punto de partida y de llegada al gran desafío del libro, explicar cómo los diferentes modelos o topologías de la estructura de la información concentran (o liberan) el poder tras de ella.

Antes que nada debemos aclarar que no es un libro técnico sobre estructuras de redes, el lenguaje y los contenidos están al alcance de todos. Utilizando ejemplos históricos y paralelismos con sucesos sociales recientes nos vamos introduciendo en el devenir de la transformación misma de un modelo hacia otro de estructuración de la información, o de cómo van influyendo, por ejemplo, los soportes (físicos, electrónicos) en este cambio.

Ahora mismo estamos transitando un cambio de topología, un cambio en la estructura misma de cómo la información es producida y compartida.

El primer tipo de red (la topología centralizada) es la que primó en los inicios y es en donde tenemos una información estructurada alrededor de un eje primordial (centro) y nodos pequeños (unidades satélites) conectados en torno a él. La información es unidireccionall y sujeta a un procedimiento. Si buscamos algún ejemplo histórico podemos citar la estructura política de los imperios, los partidos únicos, etcétera.

Según los mayores grados de libertad, siguen los modelos descentralizados (segunda tipología), en los que ya varios nodos ocupan el rol de eje y se comunican entre si, mas no están interconectados sus satélites. Aquí pueden citarse por ejemplo las unidades federales con las comunidades autónomas provincias, entre otros.

Por último, la red donde la información (o también el poder) fuye más libremente y a menores «costos» es la red descentralizada. En esta tipología todos están conectados con todos, y no hace falta el rol de eje o «filtro» para que la información llegue a su destino.

Atravesando estos tiempos es donde nos encontramos hoy, en  la  somos partes de una estructura cada vez más distribuida y en donde el poder ya no se concentra naturalmente en los filtros mayores, como en los modelos anteriores. Según el autor, estamos precisamente en un entorno cada vez más pluriárquico, donde somos cada vez más los que tenemos el poder de estructurar la información, y consecuentemente, el poder de distribuirla.

¿Y cuál es el sitio o entorno donde florecen estas oportunidades? Pues en la blogsfera. El autor le dedica gran parte de libro a los fenómenos que surgen desde este espacio, sean ya desde su aplicación política como catalizador y bomba de agite de las ciberturbas, o hasta como lanzaderas, como ágora en los entornos corporativos o como punto de encuentro para ciberactivistas. David se detiene en estos capítulos para darnos nutridos ejemplos y referencias sobre lo necesario en la caja de herramientas del ciberactivista de hoy, en la que no debe faltar la atención a los tres ejes básicos y naturales de las redes distribuidas: las herramientas, el discurso y la visibilidad de nuestra campaña.

Siguiendo con el tema, otro punto importante para resaltar es la mención que se realiza, ya al final del texto, sobre las oligarquías participativas y su relación con el dospuntocerismo: a mayor cantidad de usuarios de un servicio social, proporcionalmente son menos los que se dedican a producir información que a simplemente consumirla. A lo largo del tiempo, el resultado es que cada vez será menor la proporción (respecto al total) de los usuarios que filtren los contenidos para el resto. Esto forma naturalmente pequeños grupos que tienden a moldear, de acuerdo a sus elecciones o perspectivas, el conocimiento que el resto consume. Para este caso, uno de los ejemplos más ilustrativos (y más peligrosos) es la Wikipedia.

En definitiva, el libro se lee sumamente rápido por lo interesante del tema, lo ameno de su estructura y sobre todo el lenguaje con el que está escrito. En suma, El poder de las redes resulta totalmente recomendable para aquellos interesados en conocer y saber un poco más de aquello que subyace tras la superficie de la red y de la información que todos los días consumimos y producimos. Conocer un poco más el «cómo de…» nos brinda a su vez las herramientas para poder tomar partido y vivir la red como nueva experiencia de acción social.

Como nota adicional, algo que recomiendo es acompañar la lectura de El poder de las redes con vistazos a la Contextopedia, la wiki en línea que el mismo autor mantiene para brindar, precisamente,  el contexto de todo lo que escribe. Seguramente enriquecerán mucho más la lectura y la experiencia del libro.

Para los que lo lean y se queden con ganas de más, estamos a la espera del nuevo libro de la serie, del cual ya hay borrador y promete muchísimo.

El tema ahora resulta mucho más desafiante y seguramente traerá un mar de debates: De las naciones a las redes, o de cómo pasamos de pertenecer a formas políticas territoriales a nuevas redes sin distinción de fronteras.

Google Knol: Conocimiento 1.0

En un paso más por abarcar todas las esferas de nuestras actividades en la red, nuestro gran mumi Google acaba de lanzar la competencia más próxima a la Wikipedia, el esperado Google Knol. Este proyecto es su mejor apuesta apuesta (junto a Google Health) en la gestión del conocimiento en la red.

El concepto de Google Knol se basa en incorporar a un reservorio común unidades de conocimiento (knols) escritos por «autoridades» competentes y calificadas en su temática, es decir, expertos con nombre, apellido y organización que abren la entrada de su tema y la comparten con el público. Los demás lectores pueden participar agregando o editando contenidos, pero sólo con la autorización del primer autor. Los autores pueden decidir incorporar Adsense a las entradas de Knol, lo que puede ser también un punto de motivación para escribir mejor las entradas y dedicarles más tiempo.

En el plano de la interfaz, sorprende la apuesta gráfica de Knol. Es muy buena y difiere sustancialmente del resto de apps o servicios de Google. Tiene un look mucho más académico y precisamente, enciclopédico. 

Luego de echar un vistazo y hacer un par de pruebas comparando las entradas de Knol y la Wikipedia, creo que a Knol todavía le falta ganar en algunos espacios. Las entradas de Knol me parecieron muy aburridas, tochos de texto sin clara identificación y con poco foco hacia el lector no especializado. Las entradas son muy específicas al lenguaje técnico y no agrega terminología contextual. Me da la sensación de leer un “escaneo” de algún artículo de un diccionario médico.

De acuerdo al vistazo rápido realizado, resumimos:

Lo bueno de Knol: Termina con el prejuicio con el que siempre carga la Wikipedia, el de no ofrecer entradas autorizadas por un experto que la firme con su nombre, donde Knol acierta. También es un acierto de Google el dar la posibilidad de incorporar Adsense a las entradas, para motivar a los autores a preparar mejor sus artículos para monetizarlos.

Lo malo de Knol: Me parece que da un paso atrás (o varios años) en la referencialidad del conocimiento expuesto. Hoy no se concibe un contenido que no sea hipertextual. Precisamente el concepto es unidades de conocimiento, aislados y separados, donde éstos no están señalados ni puestos en su entorno de comprensión. No hay contexto en las entradas. ¿Cómo puede ser posible que en una entrada, como por ejemplo, de eclipses no haya ni un sólo enlace?. ¿Será que aún a los expertos escriben en los años 1.0?

¿Qué opinan?

Otras reseñas y comentarios aquíaquí, aquí, aquí y aquí.