Conclusiones del Canon Digital en Argentina
Pablo de La Barbarie repasa algunas conclusiones sobre el tema, a un mes ya de iniciado el debate en la blogósfera argenta.
Pablo de La Barbarie repasa algunas conclusiones sobre el tema, a un mes ya de iniciado el debate en la blogósfera argenta.
Un fantasma recorre Argentina… el fantasma del Canon Digital.
Todo comienza con un inocente post del Diputado oficialista Claudio Morgado en el que señala la intención de promover un proyecto de ley que permita, entre otras cosas, imponer un tributo a los soportes de medios que haga de “paliativo” a la compensación por las pérdidas de copias piratas de artistas, intérpretes y compositores.
Esto es, en pocas palabras, la imposición de un canon a los soportes y medios digitales.
Las repercusiones en la blogosfera fueron inmediatas, criticando sobre todo la ligereza con la que un diputado está poniendo el debate en la red, tanto desde su punto de vista jurídico-técnico como del punto de vista del consumidor.
Ahora bien, ¿porqué tiene que importarnos, y porqué es necesario nuestro involucramiento? Mariano ya mencionó unas buenas razones para que este tema no se nos pase por alto, aunque me gustaría destacar otros puntos por los que pienso que el canon digital no sirve:
Porque terminaría con el principio de presunción de inocencia en nuestro ordenamiento jurídico. Por cada soporte que uno compre, estaría pagando su culpa de ser un potencial pirata-copiador de una obra legal sin autorización del autor. Esto es una clara vulneración de un principio jurídico básico, máxime teniendo en cuenta que están presumiendo de mi culpa y encima, aplicándome un tributo. Por cualquier soporte digital que se adquiera, se pagará la culpa y compensación a un autor X.
Porque no resuelve ni ayuda a abordar el gran problema de adaptación a un nuevo modelo de negocio de las organizaciones jurásicas de defensa de autor, obras, etc. (como aquí en Argentina SADAIC, o en España la SGAE). Aceptar el canon es decirles sobrevivan por un tiempo más, hasta que decidan nuevamente aumentarles el canon cuando dentro de cinco años el negocio vaya por otro lado. Tienen que aprender, de una vez por todas, que deben crear valor allí donde hoy no hay, innovando con las condiciones que el mercado y los usuarios pautan.
Porque no incentiva al desarrollo de nuevos medios de almacenamiento o a la producción local de soportes de medios. Todos los soportes que potencialmente puedan albergar una copia digital de una obra legal serán imputables de una tasa o impuesto, que si bien pagará el consumidor (nosotros), tendrá que ser tomado en cuenta por importadores y productores locales.
Porque no está comprobado que pueda distribuirse de una manera transparente el monto recaudado a autores y compositores “perjudicados” por la copia ilegal. ¿Cuánto le toca a Sergio Denis? ¿Cuánto a Patito Feo? ¿Quién controlará las finanzas del Instituto de la Música o como se llame el ente recaudador? ¿Quién nomina sus cargos y responsables?
Porque sencillamente, atrasa. Señores autores y compositores, estamos en una época donde es posible que gran parte de la humanidad tenga acceso a sus obras, composiciones e invenciones con un esfuerzo mínimo. ¿No les parece un poco presumido pedir un “paliativo” porque la gente los copia? Si los copian es porque los quieren escuchar, entonces está en ustedes y en sus organizaciones defensoras de sus intereses el ayudarlos a buscar y promover un nuevo modelo de negocio para sus producciones.
En otras palabras, porque el canon es tapar el sol con nuestros dedos.
Un punto esencial que quiero comentar, finalmente, es la ligereza con la que se está sentando un tema crucial que, a tomar como parámetro, lleva años de largo debate en una sociedad un poco más adelantada en este embrollo jurídico como es España. Leo en el canal RSS del Canon de Pablo Mancini que el Diputado Morgado habla de que “instalar un debate siempre es necesario”. Seguro que sí Sr. Morgado, pero con un boceto o propuesta que sea técnicamente válida y correctamente fundamentada en todos sus ámbitos y no solamente de un sector (autores y productores) y sin saber quiénes están detrás.
En fin, es importante tomar conciencia de que instalar un debate siempre es positivo, en tanto y en cuanto puede hacerse seriamente, reuniendo a todos los colectivos y grupos sociales implicados, buscando una propuesta superadora, y no financiando ineficiencias de modelos que están quedando obsoletos. ¿No podemos buscar una solución que mire y proyecte al futuro, en vez de resguardarla mediante artilugios del pasado?
Lo que no podemos dejar de hacer es seguir distribuyendo información, debatiendo, escribiendo y poniendo en agenda este tema que, hoy comienza tímidamente, pero no sabemos cuándo ni dónde puede terminar.
Parece que está levantando polvo el tema del ciberdebate en la red por las elecciones españolas. A raíz de la propuesta de RTVE y YouTube para lanzar un canal especial de preguntas a los candidatos, los demás canales ya están replicando la idea en sus sitios.
El canal general de RTVE y YouTube (medio al estilo americano de YouChoose, pero con menos detalle) cuenta a su vez con subcanales por cada uno de los partidos políticos, y una buena organización de pautas para las preguntas por parte de los ciudadanos. A pesar de haberlo notado, pero sin tener el tiempo de haberme tomado el trabajo (Víctor sí lo ha hecho), el canal del PP va en la delantera, no sólo a nivel de suscripciones sino también por cantidad de videos vistos.
Los argentinos tenemos esa trágica costumbre de alardear en nuestro vecindario sobre los altos indicadores de desarrollo que alcanzamos. Esta actitud nos ha hecho acreedores de grandes enemistades, recelos y rencores por parte de nuestros países hermanos, con los que sin embargo, compartimos el mismo destino histórico, aunque nos cueste verlo.
Históricamente, uno de los mayores orgullos nacionales (y con cierto mérito en algunos períodos del siglo pasado) fue el notable crecimiento y desarrollo de la educación argentina. Basada en los pilares de gratuidad, universalidad y libertad educativa nuestro país alcanzó niveles de alfabetización y especialización tecnológica muy avanzadas para la media latinoamericana, llegando a mediados de los 60′s al pico máximo de profesionalización científica y técnica. Lamentablemente, este período de oro de la educación pública nacional fue cerrado a los golpes en la funesta Noche de los Bastones Largos en el gobierno de facto del Gral. Onganía, acabando con el proyecto de excelencia académica en las universidades nacionales.
Me entero de que hay cursos en vídeo y audio de la Universidad de Yale. Del catálogo actual hay algo de teoría política (repaso de clásicos) y uno interesante sobre “fronteras y controversias en la astrofísica“. Espero que lo vayan ampliando a lo largo del tiempo.
Interesante video sobre el creciente registro y delivery de información en las redes sociales hoy. ¿Quién paga el ancho de banda? Para pensarlo.
Me entero de que Global Voices Advocacy, una organización dedicada a luchar contra el bloqueo de internet y la censura a sus usuarios alrededor del mundo, publica una nueva herramienta que nos ayuda a localizar los actos y políticas de censura o control de internet por parte de los Estados o la Justicia.
He aquí otra poderosa relación entre tecnología, derechos humanos y acción política. Resulta que departamentos de las Naciones Unidas están trabajando conjuntamente con Google y Cisco para aportar una plataforma de seguimiento online al cumplimiento de los Objetivos del Milenio puestos para el 2015.