Poco puede decirse sobre la obra de Steve, un auténtico revolucionario de la tecnología de consumo, del software, la animación computada y la telefonía móvil. Una mente brillante, un visionario. Todos conocemos sus aportes -en mayor o menor detalle- pero no quiero hablar sobre este tema, encontrarán seguramente mejores referencias y más calificadas. Tampoco entran en esta discusión sus cuestiones personales o miserias-que como todos nosotros las tenemos, no me competen ni cuento con información para emitir un juicio de valor- pero quiero compartir con ustedes una simple y modesta reflexión sobre la Apple de Steve.
La primera vez que abrí la caja de un producto Apple, hace ya unos cuantos años, inmediatamente me di cuenta que estaba ante una obra excelsa, un artefacto único, de esos que sólo pueden materializarse gracias a la visión de una persona diferente. No había experimentado nada igual, ni siquiera siendo un niño con mi primera Commodore64 en los años 80 ni con todos los gadgets que había comprado hasta entonces. Sentí que estaba parado ante una pieza de ingeniería hecha por personas que aman lo bello. Un producto sobresaliente, estéticamente perfecto, técnicamente sólido. Un producto fabricado por personas que están al tope de sus capacidades, con virtud, arte y maestría en lo que hacen. Todos los detalles cuidados hasta el máximo, interfaces sencillas, simples, lo más humanamente posible.
Es un pensamiento muy personal, pero creo firmemente que los productos Apple fabricados hasta este año 2011 tendrán un valor especial, no económico, para todos los que nos identificamos con la marca, un sello diferente a los que se fabriquen de aquí al futuro. Los iPods, Macbooks, Ipads, versiones de OSX, entre otros, que sean pre-2011 serán productos a los que Steve les haya dado un feedback. Son productos que pasaron por la mano y la mirada inquisidora y perfeccionista de Steve. Son productos que pasaron por el juicio de la marca hecha hombre mismo. Tendrán un valor diferente, tendrán un espíritu diferente a los que vengan -por muchísimos años más- de aquí en adelante.
Quedará su legado, quedará su impronta indeleble en toda una industria y una compañía, y también el mensaje de alguien que se propuso cambiar las reglas, evitar los convencionalismos, a redefinir lo que se creía permanente.
Una persona que llevó el mantra de pensar diferente toda su vida. Una persona auténtica que vino a este mundo a transformar algo. Y vaya si lo consiguió.