Categoría : Trabajo

El Plan Ceibal, más allá de las aulas

La incorporación y apropiación de la tecnología por parte de los niños no sólo los alcanza a ellos mismos como sujetos de cambio y transformación, sino también a sus contextos y entorno (familia, amigos, comunidad, etcétera). La llegada de una conexión a internet y un portátil puede cambiar radicalmente las cosas.

Una muestra de tal declaración es la que documenta Fernando Da Rosa en el que el relato se torna emocionante y esclarecedor. Un padre de una familia rural uruguaya narra los cambios (familiares, productivos y de conocimiento) que ocurrieron luego de la llegada del Plan Ceibal y la conectividad con el mundo. De pasar a vender hongos a la vera de la ruta pueden tener la oportunidad de formar (más bien recuperar) una cooperativa y exportarlos hacia el mundo.

En síntesis, este caso demuestra una vez más que las familias (no permeadas por Internet y las tecnologías de la Información) comienzan a pivotar sobre los niños, que ahora aportan ideas, nuevas maneras de hacer las cosas y esperanza para sus padres.

El video dura unos trece minutos, pero vale la pena verlo completo. Tampoco se pierdan la historia que hay detrás de la entrevista, es maravillosa.

Vía Alma Matinal

La era de la banca P2P

Post publicado en Tendencias Digitales

Desde hace algún tiempo se viene observando el impacto cada vez más importante que están teniendo las iniciativas de “banca social” soportadas en un concepto muy conocido por todos los que participamos de Internet: el crowdsourcing.

Este fenómeno, del cual ya hablamos anteriormente en Tendencias Digitales, es entendido como el proceso mediante el cual muchas personas participan en “microporciones” de un proceso mucho mayor o más grande (con ejemplos en la Wikipedia, el viejo SETI@home, el kernel de Linux o el caso de Gold en el libro Wikinomics, entre otros tantos). El crowdsourcing, por lo tanto, no es más que una instancia de colaboración pero “agregada”, esto es, vista desde una escala “masiva” o al menos global.

¿Cómo impacta entonces este fenómeno en la banca, un sector tradicional si es que lo hay?

La magnitud del cambio está dado por el paso de un modelo de financiamiento descentralizado (todo tiene que ver con teoría de redes) donde un número finito de fuentes financian a proyectos e individuos. Este circuito, ni más ni menos que el de la banca tradicional y que permanece desde hace más de doscientos años, está sufriendo un giro muy interesante de la mano de la expansión de las TICs y los nuevos modos de socialización en línea.

Decíamos que en este caso el concepto es diferente, ya que el dinero surge de fuentes distribuidas, sin un centro como núcleo predeterminado (nodos comúnmente conocidos como “bancos” en la vida real) sino más bien de individuos conectados la red. Este fenómeno, conocido como crowdfinancing o crowdsourced capital aprovecha los beneficios de ditribuir los nodos y no concentrarlos en pocas fuentes, casi como una suerte de analogía a la distribución de paquetes de datos en las redes peer to peer. De esta manera, la cantidad de dinero necesitada es aportada por diferentes nodos o pequeñas fuentes de capital.

Bajo este modelo surgen dos grandes líneas de operación para las microfinanzas, ya sea para el financiamiento ordinario o con fines personales, y otro que pone el foco en el préstamo “social” en proyectos de desarrollo humano.

En el primer caso podemos encontrar servicios de préstamos personales como Prospect o Zopa donde individuos en dificultades financieras (y sobre todo a partir de la emergencia de la crisis bancaria en los Estados Unidos) necesitan financiamiento para fines propios o de emprendimientos (pagar préstamos, refinanciar la hipoteca, costear la universidad, etc.) y califica para solicitar un préstamo a los usuarios del servicio, que recibirán un retorno acorde al riesgo que presente la inversión. Desde esta misma óptica, pero con una propuesta diferente da su servicio VirginMoney, que canaliza préstamos entre personas que ya se conocen en la vida real (por ejemplo, familia y amigos) y formalizan el préstamo de dinero.

Por otra parte, hay toda una corriente de servicios y proyectos que tienen como objetivo trabajar desde las microfinzanzas pero con préstamos sociales. Esto es, que tengan como fin ayudar a personas que necesitan de fuentes de dinero pero que, por su nivel de actividad o economía local, quedan totalmente excluídos del circuito formal de préstamos (personas que se manejan en mercados en negro o aún no desarrollados) y tienen así serios problemas para recibir dinero.

En este caso, hay iniciativas como Myc4 que hacen uso de los préstamos p2p para proyectos de desarrollo económico en África, conectando a microempresas o personas con necesidades de financiamiento, y a personas con la capacidad de invertir en ellas. Un propósito similar ofrece Kiva, que en su caso no restringe área geográfica y permite invertir en emprendimientos sociales desde Angola a Bolivia, por citar un ejemplo. En todos estos casos estos servicios entran en relación con numerosas ONGs que hacen el trabajo de enlazar localmente a las personas con la necesidad de financiamiento y el mundo online.

Estos ejemplos marcan la pauta de que la colaboración masiva y distribuida también puede tener un efecto considerable en la economía más allá de su impacto en los intangibles. La pregunta que emerge es cuánto tiempo tardarán los bancos tradicionales en adaptarse o re-adaptar este modelo, o mejor aún, qué nuevos actores transformarán este servicio.

¿Se imaginan una plataforma de micropréstamos montada sobre alguna red social como Facebook?

Reseña #1: “El Manifiesto Cluetrain” de Rick Levine (et al)

Comenzamos con la primera reseña del año, en la que hablamos sobre un libro fundamental para entender el movimiento cultural que trajo la expansión de la red. Corto, explosivo, punzante. Así es El Manifiesto Cluetrain, texto que devino en inspirador intelectual y práctico de la primera expansión de Internet (allá por fines de los noventa) y del primer cisma de la red, la crisis de las puntocom. Para conmemorar el décimo aniversario de su lanzamiento, la editorial Deusto ofreció regalarlo a quienes lo soliciten (pagando los gastos de envío). Así que por cinco eurillos pude hacerme de una excelente edición impresa del libro.

Para comenzar, creo que el mayor problema que tiene este libro es que la mayoría de los lectores (y me incluyo) lo conocen sólo por las famosas 95 tesis, suerte de declaraciones convertidas en un manifiesto de los nuevos tiempos en las organizaciones. El problema está, decíamos, en que la mayoría se “pierde” la lectura de los capítulos restantes del libro, donde precisamente los autores (Rick Levine, Christopher Locke, Doc Searls y David Weinberger) amplían las 95 tesis relatándolas junto a sus experiencias laborales y personales, lo que les da mucho más sentido y nos ayudan a ver el “detrás de escena” sobre las tesis del manifiesto.

A lo largo de todo el libro se huele una advertencia: los tiempos están cambiando y es necesario participar en la conversación. Si no lo hace, será muy tarde. De nada vale tener una posición reputada en el mercado, ni tener el mejor producto ni el mejor bufete de abogados o los mejores talentos del barrio. Si no sales de las fronteras de tu oficina, estás jodido.

Todavía hoy es fácil hablar del nuevo management, de que los mercados son conversaciones, de la porosidad de las fronteras corporativas, de los nuevos tipos de clientes o de lo importante de abrirse al juego hacia wikinomía. Estoy seguro que si una persona que no conoce nada del libro lo lee hoy, bien creería que es un manifiesto sobre la “web 2.o”. Vaya hype.  Ellos lo escribieron hace diez años. 

Si miramos en retrospectiva, hace diez años recién nacía Google, la Wikipedia no existía y mucho menos fenómenos como YouTube o Facebook. En la génesis de la internet que conocemos hoy, recién los más listos salían de los walled gardens, y los más lentos apostaban todavía más a ellos, pero no tardarían mucho en hundirse en la bancarrota.

Es cierto que hay un poco de, digamos, optimismo desmedido en ciertos capítulos del libro. Pero claro, no debemos olvidar en los tiempos que fue escrito. “La web” parecía ser la clave de la nueva era de la humanidad. Recuerdo esos tiempos, donde trabajar en una puntocom era lo más guay y participar de los First Tuesday no era tan diferente que algún Blog&Beers de hoy.

En conclusión, un libro de lectura esencial (en especial los capítulos “Hablar no cuesta dinero” y “Las organizaciones hipervinculadas”) para no dejarse encantar, tanto por los agoreros ni por los falsos apóstoles de la dospuntocerización de Internet. Hoy hay poco de nuevo, y de ello sólo algo diferente a lo que hablaban estos señores diez años atrás.

Ficha de lectura

Rick Levine, Christopher Locke, Doc Searls y David Weinberger (2000). ”El Manifiesto Cluetrain. El ocaso de la empresa convencional”. Ediciones Deusto, Barcelona.

210 Páginas. Puede leerse una versión completa de libro desde aquí.

Otras reseñas:

Reseña: Who Controls the Internet? Illusions of a Borderless World, por Jack Goldsmith y Tim Wu

Goldsmith, J. & T. Wu (2008) Who Controls the Internet? Illusions of a Borderless World. Oxford University Press. 240 páginas.


Estamos creando un mundo en el que todos pueden entrar, sin privilegios o prejuicios debidos a la raza, el poder económico, la fuerza militar, o el lugar de nacimiento. Estamos creando un mundo donde cualquiera, en cualquier sitio, puede expresar sus creencias, sin importar lo singulares que sean, sin miedo a ser coaccionado al silencio o el conformismo.

- John Perry Barlow (1996)

La cita precedente es parte de la Declaración de Independencia del Ciberespacio, un manifiesto que señala al ciberespacio (las redes de conexión global) como una nueva suerte y tipo de territorio. Un espacio donde la ley, autoridad, coerción y sujeción del Estado-Nación Westphaliano nada tiene que ver ni hacer allí. Es un espacio donde hay otra naturaleza social. Este manifiesto, rupturista y optimista sobre la red y su influencia, inspiró a toda una generación de intelectuales, tecnólogos y empresarios.

En Who Controls the Internet?… los autores se ocupan minuciosamente de derribar el mito de desterritorialización de Internet, construido por esta vertiente libertaria influida por el manifiesto, la literatura ciberpunk y por el espíritu de época que corría en los primeros noventa.

Este relato “libertario”, enarbolado por personas como John Barlow, Nicholas Negroponte o Julian Dibbel, anunciaba la completa desterritorialización de Internet, y con esto, la no-autoridad soberana de ningún gobierno o poder sobre ella. El ápice de ese momento fue precisamente la publicación de la Declaración de la Independencia del Ciberespacio, donde incluso se anunciaba la firma de un nuevo contrato social totalmente ajeno y diferente al establecido por los ciudadanos y el Estado moderno, donde los primeros se sujetan a la soberanía de un territorio bajo una ley común y el monopolio de la coerción física legítima.

Las primeras comunidades de la red tenían esa concepción de la red. Es interesante la analogía con un espacio territorial. Internet era, según esta visión, un territorio universal. Un alter mundis que trasciende nuestro mundo físico. En aquellos momentos recién comenzaban los primeros litigios judiciales en el que Internet como nuevo medio social tomaba parte, como LICRA vs Yahoo o el affaire de ésta con el gobierno chino. Eran los tiempos de las locas iniciativas como la de Sealand. ¿Ante quién debe rendir cuentas un ciudadano de la red? ¿Corresponde una jurisdicción propia de la red, o el viejo derecho nacional, con sus vicios y asincronias temporales.

El peso de las fronteras

Otra de los postulados del grupo libertario, según los autores, es que Internet construye (fiel al principal postulado de desterritorialización) un sólo mundo, sin fronteras, identidades locales y pertenencias nacionales. Una comunidad humana meta-identitaria en un espacio sólo definido por una conexión global. Una suerte de ente político autárquico despegado de los conceptos tradicionales de gobierno, autoridad y ciudadanía.

A lo largo de la segunda parte de libro, los autores se encargan de rebatir con hechos y datos esta idea. Asumen que, contrariamente a lo que  se vaticinaba anteriormente por las corrientes internacionalistas y libertarias, la red se vuelve cada vez más local, gregaria y hasta incluso, se pone al servicio de un nuevo tipo de nacionalismo, como en el caso de China. Progresivamente la red se va convirtiendo en multicultural y multilingue, las comunidades locales pesan más en la red versus las globales y poco queda de aquel espíritu ciudadanía universal.

La geografía, en tanto territorio soberano (y con ella la ley, el Estado y el orden público) también importan -y mucho- a la hora de los negocios. En países donde no hay un marco jurídico apropiado para la defensa de las inversiones y de los negocios, resulta difícil que las compañías tecnológicas inviertan. El rule of law es necesario para hacer funcionar los negocios, desde la banca electrónica hasta las subastas de Ebay. Según los autores, la capacidad de responder a estas demandas (bienes públicos, como la seguridad) hoy día está sólo al alcance de los gobiernos y su ley, nos guste o disguste la medida.

El control de los intermediarios, en este contexto, es la principal herramienta que toman los gobiernos y la justicia local para mantener su soberanía y autoridad en materia de regulación digital. Es así como uno de los puntos de mayor control son los ISP o proveedores de servicio, a los que muchas veces se los intima u obliga a tomar alguna decisión determinada, o así también a los buscadores como Google, por ejemplo, en un reciente caso argentino.

En definitiva, el intermediario local (dentro del territorio nacional) es el principal foco de regulación.Un ejemplo práctico lo pone la prohibición de participar en apuestas clandestinas en casinos offshore dentro de los Estados Unidos. Como no pudieron bajar totalmente los sitios de los casinos, (Antigua denunció a EE.UU ante la WTO) fueron por los intermediarios locales, las emisoras de las tarjetas de crédito de los apostantes.

En suma, la línea conductora de todo el libro es la demostración de que las fronteras nacionales y el poder del Estado (en sus múltiples instancias, como administrador de justicia, orden público, regulador, etc.) es cada vez más importante en el desarrollo de Internet. Los autores, que están bastante lejos de las corrientes libertarias, manifiestan en el capítulo final) que hasta incluso es bueno que los gobiernos tomen parte regulando ciertos aspectos, en defensa de la cultura y tradición local. Aseguran, mostrando argumentos de peso, que sin el poder del Estado hoy no existiría Internet tal como la conocemos hoy.

Según sus palabras,

These communication technologies produced radical changes in human organization and interaction, and required governments to develop new strategies for regulating human affairs. But they did not displace the central role of territorial government in human governance. And neither, will the Internet.

(…) Why do theories of globalization and Internet scholarship so misunderstand and so underestimate the importance of territorial government? What we have seen, time and time again, that physical coercion by government -the hallmark of a traditional legal system- remains far more important than anyone expected.

Un libro recomendable para todos aquellos que estudien o se interesen en la influencia territorial de un fenómeno global como Internet, lejos de los tecnicismos legales pero con casos y ejemplos de su impacto.

Otras reseñas publicadas:

Bernardo Kliksberg y la ética empresaria en la crisis

En una entrevista para Página/12 de Buenos Aires, marca una frase que parece sencilla de comprender pero en el contexto latinoamericano muchas veces es casi críptica:

La empresa privada tiene que ser un aliado estratégico de la política pública. No es un tercero neutral, es su obligación como ciudadano ayudar a bajar los niveles de pobreza, de desigualdad, a mejorar la educación y la salud. Pero no para reemplazar a la política pública, que es la principal responsable. Ese es el juego de la democracia, pero la empresa privada puede ser un obstáculo o un aliado.

Con esto estoy plenamente de acuerdo. Es necesario que América Latina se alíe a los empresarios y no a los empresaurios (término del presidente de Paraguay, Fernando Lugo). El problema que observo, y a título personal, es que muchas veces en Latinoamérica hablar de “empresa privada y gobierno” suena a mala palabra, incluso en ámbitos universitarios o en grupos de intelectuales “progresistas”. Esto obedece, con justificación, al largo historial de corrupción, negligencia y prebendas que hubo entre gobiernos y empresas por largos períodos de nuestra historia, y a un falso estatismo y concepción de lo público.

Pero que el árbol no impida contemplar el bosque. Estamos en un punto histórico donde queda más claro que nunca que la falta de ética empresaria nos arroja a una crisis donde todos tocamos fondo, donde el afán de lucro desmedido y obsceno termina en el útero mismo del fundamentalismo del capital, Wall Street.

Trabajar en una empresa socialmente responsable es apostar al largo plazo, a la confianza, a las reglas claras, a la justicia y al desarrollo local. Por supuesto, también es observar y resguardar que una compañía obtenga beneficios por su trabajo, alentar la inversión sustentable y capacitar las fuerzas de trabajo. También es formar a consumidores responsables que presionen por una accountability permanente. 

Me llevé también una grata sorpresa porque Kliksberg menciona como una iniciativa ejemplar a “Proniño”, el Programa de lucha contra el trabajo infantil que la Fundación Telefónica mantiene en América Latina. En este proyecto se trabaja muy duro para sacar a chicos de la calle y poder mantenerlos en las escuelas y dando oportunidades de empleo a sus padres. 

Les recomiendo leer la entrevista completa.

(Vía Humanismo y Conectividad)