Juan Freire y un artículo más que interesante sobre la influencia de Internet en las elecciones de los EE.UU y porqué Barack Obama será el presidente -verdadero- de la era Internet

Al respecto, también reflexionan Adolfo Corujo, desde España; María Esperanza (La Barbarie), desde Buenos Aires; y Matías, desde Nueva York.

Fundación Vía Libre: Richard Stallman visitó la Cámara de Diputados argentina y como siempre, llevando su prédica con buen humor…

Microsiervos reseña el Atlas of Cyberspace, una colección de mapas que muestran la evolución de internet en los últimos 30 años.

José Luis Orihuela presenta el especial “Voces desde el Campus” con los testimonios de alumnos y docentes de la Universidad de Navarra tras el último atentado de ETA.

Se lanzó la Global Initiative Network, una coalición de telcos, empresas de software, organismos de derechos humanos y ONGs para monitorizar y trabajar por la libertad de expresión en los medios interactivos.

Finalmente, la FCC declaró la libertad de uso de las “bandas blancas” (espectro en desuso por la transición a la tv digital) para brindar banda ancha a través de ellas. Esta iniciativa, como hablamos antes, fue perseguida por Google.De acuerdo a lo planeado, Google podría ofrecer acceso libre a banda ancha móvil en los Estados Unidos.

 

 

Mi país tiene la mala virtud (me permito este oxímoron) de demostrar hechos que, en ciertas ocasiones, sólo pueden pertenecer al ámbito imaginario de la mejor literatura.

A lo largo de Cien años de Soledad, García Márquez nos relata las desventuras y tropiezos de los habitantes de Macondo, un lugar tan ficticio como al fin resultó ser su destino. Allí, en el pueblo que confunde el orden, el desorden y lo imprevisto, el tiempo parece no seguir el patrón lógico del pasado, el presente y el futuro, al que el resto de la humanidad parece ya haberse acostumbrado.

En Macondo, en cambio, el tiempo parece obedecer a una curiosa rueda que gira en un eje de invisible trayectoria. Alrededor de ese mecanismo furtivo y silencioso, se ubica el destino de toda su descendencia. “El tiempo vuelve y gira en círculos” suspiran en numerosas ocasiones los personajes de la novela, casi con una resignación innata. Así deviene la vida, el amor y la tragedia en el pueblo, en un ir y volver de alegría y parrandas, soledad, barro y tempestad.

En cierta manera, Argentina podría haber sido la tierra hermana de Macondo. A lo largo de su historia ha visto muchas veces, como su hermana, el ir y volver del tiempo que engaña los calendarios. Épocas de esperanza y fulgor sucedieron a tiempos de verguenza y espanto, o a otros de silencio y letargo. Sonámbula de esa curiosa alternancia, y para su desgracia, han vuelto más los errores que los aciertos, escasos y efímeros. Así pasaron los años, en circular trayectoria, y así fueron construyéndose las paredes del laberinto a fuerza de símbolos y promesas, soberbias declaraciones y plazas repletas, cacerolas vacías y saqueos nocturnos.

Tal como ocurre en Macondo y su ciénaga, las paredes del laberinto argentino fueron alimentándose de los mismos mitos. Algunos pusieron su grano de arena, algunos otros la cal, mientras que otros tantos pusieron el agua para ligar aquella macabra mezcla,  que como inconsciente maquinaria, la separa cada vez más del mundo exterior.

Hoy Argentina no puede salir fácilmente de tal constructo de cínica arquitectura, que la obliga a disfrutar ya de pocas horas de luz. Si no fuera por el viento, que aún sopla fuerte y logra vulnerar los muros caprichosos, ni siquiera se escucharían las voces de fuera, que no entienden el asombroso destino. Todos los habitantes de la nueva Macondo, envueltos en una borrachera de poco juicio, se echan la culpa unos a otros por haber dejado crecer tanto las paredes de gigantesca celda, imposible de disimular.

Por supuesto, no faltan aquellos que confusamente, señalan falsas vías de escape. Con itinerarios tan mágicos y fantasiosos como los personajes de la novela buscan la salida del laberinto imposible, ignorando que el viaje podría medirse ya no en años, sino más bien en vidas, descontando que aparecerán obstáculos, se sufrirán desaciertos o hasta las precarias brújulas podrán dejar de funcionar.

Esta analogía imperfecta no es más que una reflexión difusa y confundida por la distancia. A este derrotero hemos llegado y hay que saber lidiar con él. No obstante restan esperanzas, las suficientes para querer torcer esa siniestra rueda del tiempo y de la historia, y que no nos permita caer en el destino de aquella Macondo fantástica que imaginara su ilustre autor, devorada lentamente por la miseria, la desidia y el olvido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Que hay malestar en España por el trato dado a las inversiones en Argentina es un tema que viene desde hace ya unos meses, siendo España uno de los mayores inversores extranjeros en el país (incluso no sé si el primero) en los últimos veinte años, concentrándose en servicios (banca, comunicaciones, infraestructura, energía, etcétera.

La reciente visita a Buenos Aires del canciller Moratinos mostró la puja actual que hay por la entrada de capitales argentinos (afines a Kirchner) en Aerolíneas Argentinas, elevadas al 20% del total accionario, que los españoles del Grupo Marsans no quieren resignar.

Hoy edita El País una nota muy elocuente acerca esta tensión que va tomando cada vez mayores dimensiones. Según el periodista, ya hay un «hostigamiento» a las inversiones españolas por parte de la administración de gobierno, que intenta desbancar de las principales empresas del país a las inversiones españolas, que según recalca el cronista, fueron de las pocas que «se quedaron» en el peor momento de la crisis económica argentina.

Sobre el tema dos reflexiones breves: la primera es que no es bueno para la imagen y peor aún para la economía argentina emprender prácticas oscuras y de amiguismo que desalienten inversiones genuinas, sea del origen que fuere. Segundo, tener una política exterior clara respecto a la inversiones tanto las que vienen o las mismas argentinas, no siendo coherente al ejemplo, con la posible expropiación de Sidor por parte de Hugo Chávez en Venezuela. Como dice el refrán, siempre pueden aplicarte de tu propia medicina.

  

Será que no me había enterado antes, pero buscando fotos de Quito me topé con el perfil oficial de nuestra «presidenta» en flickr.com. Busqué algún otro perfil oficial de presidentes o autoridades polìticas y no tuve suerte. No creo que sea la única.

Hoy publica el New York Times una nota especial sobre el problema que está esparciendo el consumo desenfrenado de paco (pasta base) en los barrios periféricos de Buenos Aires. Así es relatado, bien como lo excéntrico y raro de una epidemia en algún rincón del África. La nota no habla de la experiencia neoyorquina con el crack en los años 80s, cuando inundó los barrios negros con su manto de adicción y sufrimiento.

La prensa y otros medios locales están hablando del tema hace ya varios años, pero parece no acompañarse con políticas públicas de profundidad en el tema (aunque recuerdo la campaña del Gobierno de la Ciudad “Dejá el paco” y la apertura de un centro asistencial).

El “paco” es una droga altamente adictiva y mortalmente tóxica por la cantidad de elementos químicos y combustibles empleados en su elaboración. En este punto difiere del crack, ya que éste contiene un porcentaje mayor de cocaína que el paco, compuesto en su mayoría por residuos solventes. El efecto de euforia producido en el consumo es inmedatamente seguido por la necesidad de doblar la dosis, articulando un efecto espiral de consumo-compra de esta droga, haciendo de ella una de las drogas con mayor dependencia al consumo.

La cuestión principal es que el problema no es sólo argentino, sino también se expande a Uruguay y Brasil producto del tráfico desde Bolivia y Perú que no logra ingresar a otros mercados por su baja calidad. En el transcurso de la profunda crisis económica de comienzos del 2000, el paco pudo ganarse su lugar gracias a lo accesible de su precio por dosis, cercano 30 centavos de dólar, modificando el patrón de consumo de los estratos más bajos de la población.

¿Cómo es posible detener este flagelo, que causa estragos en los jóvenes más vulnerables y los que precisan las mayores oportunidades de movilidad social?

Pablo de La Barbarie repasa algunas conclusiones sobre el tema, a un mes ya de iniciado el debate en la blogósfera argenta.

Un fantasma recorre Argentina… el fantasma del Canon Digital.

Todo comienza con un inocente post del Diputado oficialista Claudio Morgado en el que señala la intención de promover un proyecto de ley que permita, entre otras cosas, imponer un tributo a los soportes de medios que haga de “paliativo” a la compensación por las pérdidas de copias piratas de artistas, intérpretes y compositores.

Esto es, en pocas palabras, la imposición de un canon a los soportes y medios digitales

Las repercusiones en la blogosfera fueron inmediatas,  criticando sobre todo la ligereza con la que un diputado está poniendo el debate en la red, tanto desde su punto de vista jurídico-técnico como del punto de vista del consumidor.

Ahora bien, ¿porqué tiene que importarnos, y porqué es necesario nuestro involucramiento? Mariano ya mencionó unas buenas razones para que este tema no se nos pase por alto, aunque me gustaría destacar otros puntos por los que pienso que el canon digital no sirve:

Porque terminaría con el principio de presunción de inocencia en nuestro ordenamiento jurídico. Por cada soporte que uno compre, estaría pagando su culpa de ser un potencial pirata-copiador de una obra legal sin autorización del autor. Esto es una clara vulneración de un principio jurídico básico, máxime teniendo en cuenta que están presumiendo de mi culpa y encima, aplicándome un tributo. Por cualquier soporte digital que se adquiera, se pagará la culpa y compensación a un autor X.

Porque no resuelve ni ayuda a abordar el gran problema de adaptación a un nuevo modelo de negocio de las organizaciones jurásicas de defensa de autor, obras, etc. (como aquí en Argentina SADAIC, o en España la SGAE). Aceptar el canon es decirles sobrevivan por un tiempo más, hasta que decidan nuevamente aumentarles el canon cuando dentro de cinco años el negocio vaya por otro lado. Tienen que aprender, de una vez por todas, que deben crear valor allí donde hoy no hay, innovando con las condiciones que el mercado y los usuarios pautan.

Porque no incentiva al desarrollo de nuevos medios de almacenamiento o a la producción local de soportes de medios. Todos los soportes que potencialmente puedan albergar una copia digital de una obra legal serán imputables de una tasa o impuesto, que si bien pagará el consumidor (nosotros),  tendrá que ser tomado en cuenta por importadores y productores locales.

Porque no está comprobado que pueda distribuirse de una manera transparente el monto recaudado a autores y compositores “perjudicados” por la copia ilegal. ¿Cuánto le toca a Sergio Denis? ¿Cuánto a Patito Feo? ¿Quién controlará las finanzas del Instituto de la Música o como se llame el ente recaudador? ¿Quién nomina sus cargos y responsables?

Porque sencillamente, atrasa. Señores autores y compositores, estamos en una época donde es posible que gran parte de la humanidad tenga acceso a sus obras, composiciones e invenciones con un esfuerzo mínimo. ¿No les parece un poco presumido pedir un “paliativo” porque la gente los copia? Si los copian es porque los quieren escuchar, entonces está en ustedes y en sus organizaciones defensoras de sus intereses el ayudarlos a buscar y promover un nuevo modelo de negocio para sus producciones.

En otras palabras, porque el canon es tapar el sol con nuestros dedos.

Un punto esencial que quiero comentar, finalmente, es la ligereza con la que se está sentando un tema crucial que, a tomar como parámetro, lleva años de largo debate en una sociedad un poco más adelantada en este embrollo jurídico como es España. Leo en el canal RSS del Canon de Pablo Mancini que el Diputado Morgado habla de que “instalar un debate siempre es necesario”. Seguro que sí Sr. Morgado, pero con un boceto o propuesta que sea técnicamente válida y correctamente fundamentada en todos sus ámbitos y no solamente de un sector (autores y productores) y sin saber quiénes están detrás.

En fin, es importante tomar conciencia de que instalar un debate siempre es positivo, en tanto y en cuanto puede hacerse seriamente, reuniendo a todos los colectivos y grupos sociales implicados, buscando una propuesta superadora, y no financiando ineficiencias de modelos que están quedando obsoletos. ¿No podemos buscar una solución que mire y proyecte al futuro, en vez de resguardarla mediante artilugios del pasado?

Lo que no podemos dejar de hacer es seguir distribuyendo información, debatiendo, escribiendo y poniendo en agenda este tema que, hoy comienza tímidamente, pero no sabemos cuándo ni dónde puede terminar.     

avatar Hola, bienvenido a mi pequeño barco en la red. Mi nombre es Yamil Salinas Martínez, y me interesa todo lo relacionado con esta revolución que estamos atravesando, la revolución digital de la información.

Un diploma dice que soy politólogo, cursé una Maestría en Relaciones Internacionales pero me atrae cruzar disciplinas, saberes y experiencias. Creo fervientemente en el poder de las redes para fortalecer las relaciones humanas, el desarrollo económico, la acción política y fundamentalemente la vida en democracia.

Mis inquietudes remiten al estudio de las TICs en América Latina, el desarrollo de la Sociedad de la Información, el impacto de las comunicaciones móviles, la cultura digital, los negocios basados en la desterritorialización y el trabajo corporativo en redes distribuidas. Puedes contactarte conmigo desde aquí o darte una vuelta por donde guardo mis contextos.