En una entrevista para Página/12 de Buenos Aires, marca una frase que parece sencilla de comprender pero en el contexto latinoamericano muchas veces es casi críptica:

La empresa privada tiene que ser un aliado estratégico de la política pública. No es un tercero neutral, es su obligación como ciudadano ayudar a bajar los niveles de pobreza, de desigualdad, a mejorar la educación y la salud. Pero no para reemplazar a la política pública, que es la principal responsable. Ese es el juego de la democracia, pero la empresa privada puede ser un obstáculo o un aliado.

Con esto estoy plenamente de acuerdo. Es necesario que América Latina se alíe a los empresarios y no a los empresaurios (término del presidente de Paraguay, Fernando Lugo). El problema que observo, y a título personal, es que muchas veces en Latinoamérica hablar de “empresa privada y gobierno” suena a mala palabra, incluso en ámbitos universitarios o en grupos de intelectuales “progresistas”. Esto obedece, con justificación, al largo historial de corrupción, negligencia y prebendas que hubo entre gobiernos y empresas por largos períodos de nuestra historia, y a un falso estatismo y concepción de lo público.

Pero que el árbol no impida contemplar el bosque. Estamos en un punto histórico donde queda más claro que nunca que la falta de ética empresaria nos arroja a una crisis donde todos tocamos fondo, donde el afán de lucro desmedido y obsceno termina en el útero mismo del fundamentalismo del capital, Wall Street.

Trabajar en una empresa socialmente responsable es apostar al largo plazo, a la confianza, a las reglas claras, a la justicia y al desarrollo local. Por supuesto, también es observar y resguardar que una compañía obtenga beneficios por su trabajo, alentar la inversión sustentable y capacitar las fuerzas de trabajo. También es formar a consumidores responsables que presionen por una accountability permanente. 

Me llevé también una grata sorpresa porque Kliksberg menciona como una iniciativa ejemplar a “Proniño”, el Programa de lucha contra el trabajo infantil que la Fundación Telefónica mantiene en América Latina. En este proyecto se trabaja muy duro para sacar a chicos de la calle y poder mantenerlos en las escuelas y dando oportunidades de empleo a sus padres. 

Les recomiendo leer la entrevista completa.

(Vía Humanismo y Conectividad)

Los argentinos tenemos esa trágica costumbre de alardear en nuestro vecindario sobre los altos indicadores de desarrollo que alcanzamos. Esta actitud nos ha hecho acreedores de grandes enemistades, recelos y rencores por parte de nuestros países hermanos, con los que sin embargo, compartimos el mismo destino histórico, aunque nos cueste verlo.

Históricamente, uno de los mayores orgullos nacionales (y con cierto mérito en algunos períodos del siglo pasado) fue el notable crecimiento y desarrollo de la educación argentina. Basada en los pilares de gratuidad, universalidad y libertad educativa nuestro país alcanzó niveles de alfabetización y especialización tecnológica muy avanzadas para la media latinoamericana, llegando a mediados de los 60’s al pico máximo de profesionalización científica y técnica. Lamentablemente, este período de oro de la educación pública nacional fue cerrado a los golpes en la funesta Noche de los Bastones Largos en el gobierno de facto del Gral. Onganía, acabando con el proyecto de excelencia académica en las universidades nacionales.

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Hoy se publicó el Informe de Desarrollo Humano que consolida el PNUD a nivel mundial. En esta edición se incluyó un extensísimo informe sobre las implicancias del calentamiento global, el desorden ecológico y el cambio climático, mostrando los duros números de la realidad que nos toca vivir respecto al deterioro de nuestro medioambiente. Por supuesto incluye también la serie de indicadores de desarollo (sanidad, educación, empleo, desigualdad, etc.) habituales en el estudio, que hacen de este informe un reporte de referencia fundamental.

Argentina se ubica en el lugar nro. 38, por debajo de países como Polonia, Qatar, Barbados o Chipre. La buena noticia es que encabeza las posiciones en América Latina, que ubica por ejemplo a Chile en el puesto 40, a Uruguay en el 46 o a Cuba en el 51.

He aquí otra poderosa relación entre tecnología, derechos humanos y acción política. Resulta que departamentos de las Naciones Unidas están trabajando conjuntamente con Google y Cisco para aportar una plataforma de seguimiento online al cumplimiento de los Objetivos del Milenio puestos para el 2015.

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Con un crecimiento sin precedentes en estos diez años (promediando los 10 puntos), África comienza a emprender un camino de desarrollo. Seguramente queda mucho por hacer, sobre todo en la sustentabilidad del crecimiento, para el que se necesita mayores inversiones y conjuntamente con ellas, buenas expectativas de desarrollo futuro.

Vía | BBC

avatar Hola, bienvenido a mi pequeño barco en la red. Mi nombre es Yamil Salinas Martínez, y me interesa todo lo relacionado con esta revolución que estamos atravesando, la revolución digital de la información.

Un diploma dice que soy politólogo, cursé una Maestría en Relaciones Internacionales pero me atrae cruzar disciplinas, saberes y experiencias. Creo fervientemente en el poder de las redes para fortalecer las relaciones humanas, el desarrollo económico, la acción política y fundamentalemente la vida en democracia.

Mis inquietudes remiten al estudio de las TICs en América Latina, el desarrollo de la Sociedad de la Información, el impacto de las comunicaciones móviles, la cultura digital, los negocios basados en la desterritorialización y el trabajo corporativo en redes distribuidas. Puedes contactarte conmigo desde aquí o darte una vuelta por donde guardo mis contextos.