
Tras un acuerdo de cooperación firmado con Portugal, Hugo Chávez compró un millón de portátiles Classmate (sí, los de Intel) para distribuir en las escuelas venezolanas. El acuerdo, en principio, contemplaría el ensamblaje de partes del ordenador en una fábrica ligera en Venezuela, como política de desarrollo informático.
Tal como comenta Luis, esta iniciativa se complementaría con las computadoras bolivarianas de las que hablamos alguna vez, (en cooperación con China) pero en este caso estrictamente dispuesta para público escolar.
Sin dudas, esta medida es para celebrar. Pero atención, dos cosas: este modelo de portátil lleva software propietario (Windows XP) y no software libre como otras alternativas en el segmento. Y segundo, otorgar portátiles per se no hace a los niños mejores estudiantes, sino que deben acompañarse de políticas educativas profundas que integren los conocimientos y la tecnología.
Esperemos que los niños de Venezuela puedan aprovecharlas al máximo.
Los argentinos tenemos esa trágica costumbre de alardear en nuestro vecindario sobre los altos indicadores de desarrollo que alcanzamos. Esta actitud nos ha hecho acreedores de grandes enemistades, recelos y rencores por parte de nuestros países hermanos, con los que sin embargo, compartimos el mismo destino histórico, aunque nos cueste verlo.
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