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Reseña: “The Net Delusion: The Dark Side of Internet Freedom” (Evgeny Morozov)

“The problem is that in Washington, the phrase ‘global Internet freedom’ is like a Rorschach test. Different people look at the same ink splotch and see very different things.”

Bienvenidos a un recorrido por el lado oscuro de la red, de la mano de Evgeny Morozov, lúcido analista y académico con un gran conocimiento de la intersección entre autoritarismo, tecnología y poder. En su último libro, “The Net Delusion: The Dark Side of Internet Freedom” que aquí reseñamos y compartimos, no ahorra críticas a todos aquellos que piensan que Internet es la llave para llegar a un mundo feliz.

Sus dardos, finamente documentados y con una carga de inteligente humor, están dirigidos sobre todo hacia los ejecutores de políticas públicas o de asuntos exteriores, grandes grupos de policy-makers en los gobiernos occidentales, organismos internacionales y think tanks, que planifican las grandes estrategias de asuntos globales.

A poco de comenzar el libro deja ya en evidencia su primer crítica hacia este círculo de élites y su pecado original, el “ciber-utopismo” con el que actúan y dejan impronta en sus políticas públicas, una suerte de realismo mágico tecnológico donde predomina una creencia, “casi religiosa en el poder de Internet de hacer cosas sobrenaturales”. Según Morozov, todo vale para la todo poderosa Internet y su gesta emancipadora: desde democratizar sociedades hasta erradicar la corrupción política. Una especie de terreno donde todo puede ser posible si se cuenta con una conexión a Internet, financiamiento y ciudadanos comprometidos con la causa.

Los grandes medios de comunicación occidentales no hacen más que empeorar las cosas, apunta Morozov, al dotar de características cuasi heroicas a los nuevos servicios de comunicación y redes sociales como Twitter, Facebook o YouTube en las manifestaciones políticas y sociales. Sólo basta tomar como referencia los últimos sucesos en Egipto y Oriente Medio para enterarse de la miríada de bondades sobre estas nuevas revoluciones digitales. El determinismo tecnológico y la sobrevaloración del rol de estas tecnologías oscurece el rol clave que juegan las personas en los procesos de cambio político. La tecnología “puede dar forma a la estructura de la batalla, pero no a los resultados”, decía hace tiempo Ithiel de Sola Pool, pareciendo coincidir con moderada reserva.

Internet puede ser usado tanto para el bien como para el mal, tal como ha sucedido con distintas tecnologías a lo largo de nuestra historia. Morozov se lamenta al reconocer la persistente imagen -tecnófoba e ignorante- que persiste sobre los gobiernos autoritarios para emplear la tecnología y los nuevos medios de comunicación digitales, como las redes sociales. Nada más lejos que eso, asegura el autor, afirmando que estos regímenes ya han aprendido y se han adaptado a convivir con una sociedad en donde la información ha tomado la abundancia. Ejemplos como el “Fifty-Cent Party” de China y su ciber brigada de comentaristas en foros, blogs y redes sociales no es más que una muestra de cómo los gobiernos están utilizando la red y sus servicios como nuevos canales de propaganda y cooptación de grupos de interés. Es que en resumen de cuentas, Internet modifica de manera profunda los tres pilares del autoritarismo, haciendo que propaganda, censura y vigilancia sean cada vez más potentes y capilares que nunca.

En este mismo sentido, Morozov afirma que se ha caído para siempre el viejo y famoso “dilema del dictador”, aquel que presumía la imposibilidad de abrirse al mundo, a la inversión extranjera y la globalización sin antes hacerlo a las redes de información. No hacen falta muchos ejemplos cuando podemos observar a China. Los cuadros políticos de la República Popular ha demostrado tener maestría en la optimización de sus servicios de vigilancia y control de los contenidos en la red, en muchas ocasiones, con el apoyo de empresas y proveedores tecnológicos occidentales.

¿Y qué tal si, a fin de cuentas, el potencial “liberador” que se presume que Internet tiene lleva también en sí mismo el poder de despolitizar? El fenómeno de escapismo que produjo el hecho de poder ver las señales de televisión occidentales en la Alemania Oriental -y así poder adormecer su disidencia- podría aquí jugar un rol similar. Una vez más, se cae en la trampa de pensar que ni bien se tenga una conexión a Internet en aquellos países sus ciudadanos irán a buscar inmediatamente los reportes de Human Rights Watch o a bloguear contra el régimen en vez de buscar fotos de la estrella pop de moda, la mejor receta para bajar de peso o descargarse el último estreno de Hollywood.

Pasando al plano de la acción política, Morozov sigue afinando su puntería. Luego de analizar las famosas “revoluciones de color” cree que los nuevos medios facilitan la “miclictancia” pero poco hacen para desarrollar una participación real. Si bien está comprobado que las nuevas tecnologías pueden ayudar a movilizar, poco pueden hacer para organizar y sostener las acciones para un cambio de régimen. El peor peligro, afirma, es que las nuevas generaciones tomen este camino como el más fácil y sencillo, en detrimento de la participación activa en los movimientos y acciones de disidencia tradicionales, retrasando un cambio político en sus sociedades.

La génesis del problema, sostiene Morozov, es allí mismo donde Occidente construye su concepto de libertad en Internet desde una mirada ciberutópica: esto es, más conectividad e internet significan más libertad y democracia. La simplificación de las fuerzas interiores en sociedades autoritarias no hace bien al tratamiento de este fenómeno, de naturaleza compleja y en las cuales se entrelazan aspectos religiosos, culturales y políticos que no se resolverán mediante un browser.

¿Debemos entonces conformarnos con este escenario, pesimista y gris sobre el futuro de Internet? Creemos que no tanto. El autor plantea, desde el inicio, que se preocupará por mostrarnos “el lado oscuro” de la red y lo consigue muy bien a lo largo de las más de trescientas páginas del libro. La vía de escape a todas estas trampas llegan hacia el final, aunque el lector sagaz puede ir adviertiéndola con el correr de los capítulos. Morozov pretende dejar de lado los dos males que aquejan al pensamiento sobre política tecnológica y exterior, la ciber-utopía y el internet-centrismo, con lo que él bautiza como “ciber-realismo”, una posición en la que, fundamentalmente aconseja pensar cómo internet está afectando a las estrategias y acciones actuales en las sociedades autoritarias y no al revés, como sostiene en las más de 300 páginas de la obra.

Según Morozov los grandes policy makers están poniendo el carro delante del caballo, haciendo una analogía con el popular refrán, intentando que Internet quepa delante de sus acciones de política exterior. Quizá el mejor consejo que puedan encontrar en “The Net Delusion” es no buscar soluciones tecnológicas a problemas que son, por naturaleza, políticos. Necesitamos encontrar, sostiene hacia el final Morozov, “maneras en las que el se conjugue la promoción y apoyo a una Internet libre con mecanismos de participación activa en el cambio social y político”.

Evitar el determinismo, una vez más, parece la tarea más difícil ■


Ficha de lectura:

  • Título: The Net Delusion. The Dark side of Internet Freedom.
  • Autor: Evgeny Morozov
  • Editorial: Public Affairs
  • Colección: -
  • Lugar de Edición: New York
  • Año de Edición: 2010
  • ISBN: 978-15-86-48874-1
  • Páginas: 432


Personal Democracy Forum Latinoamérica 2010

Por primera vez llega a Sudamérica el ciclo de conferencias Personal Democracy Forum, uno de los encuentros más relevantes a la hora de debatir cómo Internet y las tecnologías de la Información y Comunicación pueden ayudar a mejorar la democracia, la relación gobierno-ciudadano y la administración de lo público.

El Personal Democracy Forum viene desde hace más de seis años recibiendo a tecnólogos, ciberactivistas, académicos y expertos en el ámbito de la política, economía y administración para debatir y proponer alternativas de mejora a los procesos políticos actuales, campañas, gobierno electrónico, e-ciudadanía, entre otros.

La edición sudamericana se realizará en la Torre Telefónica en Santiago (Chile) durante los días 18 y 19 de noviembre próximos. Aún no está publicado el programa de las actividades, pero no caben dudas que expondrán referentes de primerísimo nivel. En anteriores ocasiones (tanto en los Estados Unidos como Europa) pasaron por el Personal Democracy Forum personalidades como John Perry Barlow, Anil Dash, Howard Rheingold, Jimmy Wales, Blair Levin o Jeff Jarvis, para citar algunos.

Para que tengan una referencia de lo interesante de las charlas y exposiciones, les comparto la conferencia de Susan Crawford (principal asesora de Barack Obama en materia de políticas tecnológicas e innovación) sobre los próximos desafíos de la banda ancha.

Nueva lectura: “Who Controls the Internet? Illusions of a Borderless World”

Estamos comenzando a leer este libro de Tim Wu y Jack Goldsmith que toca un tema fundamental a la hora de pensar la red: ¿Es verdad que Internet termina y diluye eso de las “fronteras” territoriales?. ¿Sigue vigente esa vieja ilusión de internet como “aldea global”?

Al parecer, los autores piensan lo contrario. El estado (con su control y su ley) está más vivo que nunca respecto a Internet y, al revés de lo que podría pensarse, el espíritu libertario de la red de los 90′s está girando cada vez más hacia un modelo de proteccionismo del estado respecto a la red.

¿Polémico? Sin lugar a dudas. Ya les iré contando.

Fidel Castro: el fin de una época y épica política

Fidel Castro

La renuncia de Fidel Castro a su reelección como presidente y máxima figura de Cuba marca el fin de una época y también de una épica política, al menos para América Latina. Más allá de las posiciones y márgenes que podamos tomar desde nuestras ideas para con Fidel, no ha emergido en nuestro continente una figura política tan controversial, convocante y enigmática como Fidel Castro.

Comprobé personalmente (en vivo y en la televisión cubana) sus discursos interminables, llenos de datos y figuras que transmitían un conocimiento muy profundo de la realidad del país, y en diálogo con muchos cubanos me confirmaban que hasta salía en cadena de televisión a explicar el porqué del aumento de los frijoles o la necesidad de ahorrar combustible. A pesar de que muchos, por su parte, renegaban por su lentitud y tozudez en la apertura política de la isla, mantenían un profundísimo respeto por su ética revolucionaria y la franqueza de diálogo con el pueblo cubano en el día a día de la vida política.

El anuncio lo hizo a través de una nota en Granma, el diario del PCC y portavoz del gobierno, en la que con un lenguaje muy llano y directo, fiel a su estilo, declara que su frágil estado de salud le impide tomar nuevamente la responsabilidad de dirigir el gobierno de la isla, tal como lo hace desde los comienzos de la etapa revolucionaria.

Al menos hasta el próximo domingo, cuando se reúna la Asamblea Nacional del Poder Popular, no se sabrá si continuará en el gobierno su hermano Raúl, Comandante de las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias), u otros posibles candidatos, como Carlos Lage (Presidente de la Asamblea) o Felipe Pérez Roque, actual canciller del gobierno cubano. En su mensaje al pueblo, Fidel Castro no toma partido por posibles sucesores, ya que señala que hay aún viejos dirigentes para tomar el mando (como pueden ser Raúl Castro o Lage) o jóvenes líderes nacidos ya en la revolución, como Pérez Roque. Si se trata de pensar en una transición civil y democrática, serán Lage o Pérez Roque los encargados de estructurarla, aunque seguramente celosamente cuidados por el resto del buró político del Partido.

En este anuncio, Fidel está dando su más profundo mensaje y como no podía ser de otra manera, fiel a su estilo, él mismo es el que barre los últimos escombros de allí donde había un muro.

Repercusiones:

El ciberdebate español, un fiasco

De esa manera lo relata Juan Varela de Periodistas 21, donde todo lo que se esperaba del ciberdebate español (como hablábamos hace días) parece ser que ha quedado en una astuta jugada del marketing por los canales de TV.

Los candidatos sólo han respondido a un puñado de preguntas realizadas por los internautas, y no en el espacio donde fueron formuladas, sino en un espacio de aire televisado y sin réplica. Lamentablemente habrá que esperar para la próxima.

Acerca de la campaña de Cristina Kirchner

Como saben, el próximo domingo estaremos participando de las elecciones nacionales para elegir nuestro próximo presidente, vice, autoridades provinciales, diputados, senadores, comunales, etc. Una gran elección para el futuro del país, ya que los próximos años serán clave para nuestro desarrollo.

Más allá de eso, hoy reparé en un detalle que no había llegado a mi mente desde hace semanas. Logró atraer mi atención el mensaje de campaña de Cristina Fernández (así como le gusta) en uno de sus afiches, y asumo que debe ser el claim de su campaña. Dice algo así como

Sabemos lo que falta. Sabemos como hacerlo.

Fueron algunos microsegundos hasta que mi mente tomó dimensión del mensaje, que me refregaba en mi propia cara la total suficiencia y soberbia del enunciado. ¿Así que se la saben todas? ¿Qué saben lo que falta? ¿Quién les enseñó a “aprender” lo que falta y encima a saber cómo hacerlo?.

Señores candidatos: no saben nada. Sí, así lisa y llanamente. No están preparados para gobernar, porque fueron educados precisamente para eso, para decir y repetir de que están preparados (algunos con más suficiencia, al 100%), que saben cómo administrar una ciudad, semáforos, baches, atraer “inversiones” y conocer de planes sanitarios.

Señores candidatos: no saben que lo incierto es lo único cierto. Estamos, como dice un filósofo de cabezas y no de cabecera, navegando en un océano de incertidumbre donde sólo conocemos archipiélagos de certezas. Así que no me vengan con el “sabemos lo que falta, sabemos cómo hacerlo”.

Señores canditados: Sean sinceros. Por primera vez asuman que están para conducir un tiempo de país que será improbable, difuso, incierto. Digan las herramientas con las que cuentan, pero no actúen con el error de enunciados enlatados y vacíos.

Señores canditatos: Estamos inmersos en un proceso de cambio constante, con dificultades cada vez más grandes para predecir los comportamientos y sucesos políticos. El mundo hace 10 años era completamente diferente, hace cinco también. ¿Saben la señora Fernández cómo gobernará al país dentro de 3 años? La política es compleja, es reticular, imprecisa, no cartografiable.

Llenó mi furia esa diatriba de soberbia de la mala, al avanzar dos cuadras y ver otro afiche, más “pluralista” que dice que

A la Argentina que viene la hacemos entre todos.

¿No era que se las sabían todas? ¿Para qué hago falta en esta Argentina, si ya saben lo que falta y saben cómo hacerlo? ¿Para qué hago falta entonces? ¿Saben hasta la tarea que me toca hacer? Quizá tienen algún plan para mí, pensé irónicamente, y no me dí cuenta todavía.

Si antes no la iba a votar a la Sra. Fernández, menos ahora. No quiero ni puedo aceptar con complacencia esa consigna.

La doctrina del shock

Naomi Klein y el director Alfonso Cuarón nos presentan el documental “La doctrina del shock” en el cual establecen una interesante línea de pensamiento entre los desastres naturales o sociales que ocurren en nuestro tiempo, con la oportunidad política de llevar a cabo reformas drásticas o terapias de choque en la sociedad durante la tragedia (reformas económicas, tributarias, recortes sociales, etc.)

Cortito. Muy recomendable. Tiene subtítulos en español.