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[LIBRO] 32 Tendencias de Cambio (2010-2020)

Prólogo de Francis Pisani y Antonio Gutiérrez-Rubí y Juan Freire en conjunto forman Laboratorio de Tendencias

Buena lectura para este verano (en el hemisferio sur) en donde los autores repasan, de manera breve pero sucinta, las tendencias de cambio que prevén para los próximos veinte años.

Les dejo en marcados en *itálica* los puntos que más llamaron mi atención durante su lectura. El libro puede descargarse en su versión en PDF de manera completa.

Transformaciones tecnológicas

  • Tendencias en computación
  • La fabricación personal
  • Realidad aumentada
  • El cuerpo digital. El cerebro digital

Transformaciones políticas

  • Los nuevos liderazgos
  • El fin de la agrupación y la comunidad política
  • El activismo como elemento de cohesión
  • La creatividad política
  • La recuperación de la palabra y de las ideas

Transformaciones de la Información

  • Evolución de la capacidad de almacenamiento y procesamiento de datos
  • La revolución de los datos personales
  • La revolución de la información y la comunicación
  • Mainstream media y grassroots media
  • Ciclos de noticias más cortos

Transformaciones de los Modelos de Negocio

  • Acceso, precio y cadena de valor
  • El cambio de paradigma de la propiedad intelectual
  • Redes e innovación abierta
  • El nuevo concepto de organización empresarial

Transformaciones en las Organizaciones

  • Nuevos modelos de trabajo
  • Nuevos modelos de management: empresa, competencias y redes sociales
  • Segmentación y nichos sociales
  • Desmembración de webs corporativas
  • Crowdsourcing

Transformaciones en las Relaciones

  • Geolocalización
  • El tercer espacio
  • Nueva privacidad
  • Lenguas y comunicación

Transformaciones Urbanas

  • Informática urbana y computación oblicua
  • Participación ciudadana local
  • Urbanismo emergente
  • Las ciudades como nuevos actores políticos y económicos
  • Microclusters

Reseña #1: “El Manifiesto Cluetrain” de Rick Levine (et al)

Comenzamos con la primera reseña del año, en la que hablamos sobre un libro fundamental para entender el movimiento cultural que trajo la expansión de la red. Corto, explosivo, punzante. Así es El Manifiesto Cluetrain, texto que devino en inspirador intelectual y práctico de la primera expansión de Internet (allá por fines de los noventa) y del primer cisma de la red, la crisis de las puntocom. Para conmemorar el décimo aniversario de su lanzamiento, la editorial Deusto ofreció regalarlo a quienes lo soliciten (pagando los gastos de envío). Así que por cinco eurillos pude hacerme de una excelente edición impresa del libro.

Para comenzar, creo que el mayor problema que tiene este libro es que la mayoría de los lectores (y me incluyo) lo conocen sólo por las famosas 95 tesis, suerte de declaraciones convertidas en un manifiesto de los nuevos tiempos en las organizaciones. El problema está, decíamos, en que la mayoría se “pierde” la lectura de los capítulos restantes del libro, donde precisamente los autores (Rick Levine, Christopher Locke, Doc Searls y David Weinberger) amplían las 95 tesis relatándolas junto a sus experiencias laborales y personales, lo que les da mucho más sentido y nos ayudan a ver el “detrás de escena” sobre las tesis del manifiesto.

A lo largo de todo el libro se huele una advertencia: los tiempos están cambiando y es necesario participar en la conversación. Si no lo hace, será muy tarde. De nada vale tener una posición reputada en el mercado, ni tener el mejor producto ni el mejor bufete de abogados o los mejores talentos del barrio. Si no sales de las fronteras de tu oficina, estás jodido.

Todavía hoy es fácil hablar del nuevo management, de que los mercados son conversaciones, de la porosidad de las fronteras corporativas, de los nuevos tipos de clientes o de lo importante de abrirse al juego hacia wikinomía. Estoy seguro que si una persona que no conoce nada del libro lo lee hoy, bien creería que es un manifiesto sobre la “web 2.o”. Vaya hype.  Ellos lo escribieron hace diez años. 

Si miramos en retrospectiva, hace diez años recién nacía Google, la Wikipedia no existía y mucho menos fenómenos como YouTube o Facebook. En la génesis de la internet que conocemos hoy, recién los más listos salían de los walled gardens, y los más lentos apostaban todavía más a ellos, pero no tardarían mucho en hundirse en la bancarrota.

Es cierto que hay un poco de, digamos, optimismo desmedido en ciertos capítulos del libro. Pero claro, no debemos olvidar en los tiempos que fue escrito. “La web” parecía ser la clave de la nueva era de la humanidad. Recuerdo esos tiempos, donde trabajar en una puntocom era lo más guay y participar de los First Tuesday no era tan diferente que algún Blog&Beers de hoy.

En conclusión, un libro de lectura esencial (en especial los capítulos “Hablar no cuesta dinero” y “Las organizaciones hipervinculadas”) para no dejarse encantar, tanto por los agoreros ni por los falsos apóstoles de la dospuntocerización de Internet. Hoy hay poco de nuevo, y de ello sólo algo diferente a lo que hablaban estos señores diez años atrás.

Ficha de lectura

Rick Levine, Christopher Locke, Doc Searls y David Weinberger (2000). ”El Manifiesto Cluetrain. El ocaso de la empresa convencional”. Ediciones Deusto, Barcelona.

210 Páginas. Puede leerse una versión completa de libro desde aquí.

Otras reseñas:

Reseña: Who Controls the Internet? Illusions of a Borderless World, por Jack Goldsmith y Tim Wu

Goldsmith, J. & T. Wu (2008) Who Controls the Internet? Illusions of a Borderless World. Oxford University Press. 240 páginas.


Estamos creando un mundo en el que todos pueden entrar, sin privilegios o prejuicios debidos a la raza, el poder económico, la fuerza militar, o el lugar de nacimiento. Estamos creando un mundo donde cualquiera, en cualquier sitio, puede expresar sus creencias, sin importar lo singulares que sean, sin miedo a ser coaccionado al silencio o el conformismo.

- John Perry Barlow (1996)

La cita precedente es parte de la Declaración de Independencia del Ciberespacio, un manifiesto que señala al ciberespacio (las redes de conexión global) como una nueva suerte y tipo de territorio. Un espacio donde la ley, autoridad, coerción y sujeción del Estado-Nación Westphaliano nada tiene que ver ni hacer allí. Es un espacio donde hay otra naturaleza social. Este manifiesto, rupturista y optimista sobre la red y su influencia, inspiró a toda una generación de intelectuales, tecnólogos y empresarios.

En Who Controls the Internet?… los autores se ocupan minuciosamente de derribar el mito de desterritorialización de Internet, construido por esta vertiente libertaria influida por el manifiesto, la literatura ciberpunk y por el espíritu de época que corría en los primeros noventa.

Este relato “libertario”, enarbolado por personas como John Barlow, Nicholas Negroponte o Julian Dibbel, anunciaba la completa desterritorialización de Internet, y con esto, la no-autoridad soberana de ningún gobierno o poder sobre ella. El ápice de ese momento fue precisamente la publicación de la Declaración de la Independencia del Ciberespacio, donde incluso se anunciaba la firma de un nuevo contrato social totalmente ajeno y diferente al establecido por los ciudadanos y el Estado moderno, donde los primeros se sujetan a la soberanía de un territorio bajo una ley común y el monopolio de la coerción física legítima.

Las primeras comunidades de la red tenían esa concepción de la red. Es interesante la analogía con un espacio territorial. Internet era, según esta visión, un territorio universal. Un alter mundis que trasciende nuestro mundo físico. En aquellos momentos recién comenzaban los primeros litigios judiciales en el que Internet como nuevo medio social tomaba parte, como LICRA vs Yahoo o el affaire de ésta con el gobierno chino. Eran los tiempos de las locas iniciativas como la de Sealand. ¿Ante quién debe rendir cuentas un ciudadano de la red? ¿Corresponde una jurisdicción propia de la red, o el viejo derecho nacional, con sus vicios y asincronias temporales.

El peso de las fronteras

Otra de los postulados del grupo libertario, según los autores, es que Internet construye (fiel al principal postulado de desterritorialización) un sólo mundo, sin fronteras, identidades locales y pertenencias nacionales. Una comunidad humana meta-identitaria en un espacio sólo definido por una conexión global. Una suerte de ente político autárquico despegado de los conceptos tradicionales de gobierno, autoridad y ciudadanía.

A lo largo de la segunda parte de libro, los autores se encargan de rebatir con hechos y datos esta idea. Asumen que, contrariamente a lo que  se vaticinaba anteriormente por las corrientes internacionalistas y libertarias, la red se vuelve cada vez más local, gregaria y hasta incluso, se pone al servicio de un nuevo tipo de nacionalismo, como en el caso de China. Progresivamente la red se va convirtiendo en multicultural y multilingue, las comunidades locales pesan más en la red versus las globales y poco queda de aquel espíritu ciudadanía universal.

La geografía, en tanto territorio soberano (y con ella la ley, el Estado y el orden público) también importan -y mucho- a la hora de los negocios. En países donde no hay un marco jurídico apropiado para la defensa de las inversiones y de los negocios, resulta difícil que las compañías tecnológicas inviertan. El rule of law es necesario para hacer funcionar los negocios, desde la banca electrónica hasta las subastas de Ebay. Según los autores, la capacidad de responder a estas demandas (bienes públicos, como la seguridad) hoy día está sólo al alcance de los gobiernos y su ley, nos guste o disguste la medida.

El control de los intermediarios, en este contexto, es la principal herramienta que toman los gobiernos y la justicia local para mantener su soberanía y autoridad en materia de regulación digital. Es así como uno de los puntos de mayor control son los ISP o proveedores de servicio, a los que muchas veces se los intima u obliga a tomar alguna decisión determinada, o así también a los buscadores como Google, por ejemplo, en un reciente caso argentino.

En definitiva, el intermediario local (dentro del territorio nacional) es el principal foco de regulación.Un ejemplo práctico lo pone la prohibición de participar en apuestas clandestinas en casinos offshore dentro de los Estados Unidos. Como no pudieron bajar totalmente los sitios de los casinos, (Antigua denunció a EE.UU ante la WTO) fueron por los intermediarios locales, las emisoras de las tarjetas de crédito de los apostantes.

En suma, la línea conductora de todo el libro es la demostración de que las fronteras nacionales y el poder del Estado (en sus múltiples instancias, como administrador de justicia, orden público, regulador, etc.) es cada vez más importante en el desarrollo de Internet. Los autores, que están bastante lejos de las corrientes libertarias, manifiestan en el capítulo final) que hasta incluso es bueno que los gobiernos tomen parte regulando ciertos aspectos, en defensa de la cultura y tradición local. Aseguran, mostrando argumentos de peso, que sin el poder del Estado hoy no existiría Internet tal como la conocemos hoy.

Según sus palabras,

These communication technologies produced radical changes in human organization and interaction, and required governments to develop new strategies for regulating human affairs. But they did not displace the central role of territorial government in human governance. And neither, will the Internet.

(…) Why do theories of globalization and Internet scholarship so misunderstand and so underestimate the importance of territorial government? What we have seen, time and time again, that physical coercion by government -the hallmark of a traditional legal system- remains far more important than anyone expected.

Un libro recomendable para todos aquellos que estudien o se interesen en la influencia territorial de un fenómeno global como Internet, lejos de los tecnicismos legales pero con casos y ejemplos de su impacto.

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